Archivo de Noviembre de 2006
Leer la prensa del fin de semana no ayuda mucho a superar la llegada del frÃo, con el enésimo enfrentamiento sobre la polÃtica antiterrorista (conviene recordar que todos tenemos vÃctimas y todos queremos acabar con el terrorismo), o la vÃctima número demasiado de la violencia de género… machista, a pesar de la nueva Ley y las acciones que en su desarrollo se adoptaron, o la puesta en marcha de nuevas medidas contra la corrupción urbanÃstica, o la bronca al Papa en TurquÃa mientras los bancos de occidente contratan a expertos en islamismo para hacer negocio ofreciendo productos acordes con la ley islámica, como ha señalado la experta Loretta Napoleón en un artÃculo de prensa.
De libros estoy leyendo los dos que os menciono. Reconozco que Pamuk, antes de que le dieran el Nobel, me gustaba a medias. Es decir, habÃa leÃdo dos libros y uno me gustó y el otro no. Dicen que el que cito hoy es de los mejores. Ya os diré. El otro, sobre la convivencia con extraños, cierra la reflexión sobre la inmigración, al menos de momento y me sugiere reflexiones que ya compartiré cuando acabe.
Zygmunt Bauman: “Confianza y temor en la ciudad. Vivir con extranjeros”. Ed. Arcadia.
O. Pamuk: “Me llamo Rojo”. Ed. Punto de Lectura.
Regreso de Guatemala con algo más que “jet lagâ€?. Traigo un “lagâ€? que no se debe sólo al cambio horario o al avión. He releÃdo todos mis post anteriores, casi todos vuestros comentarios y mis respuestas. Todos los contenidos son importantes porque son nuestros, pero la perspectiva con la que analizo este blog ha cambiado un poco.
Perdonad el retraso pero he andado bastante liado estos dÃas y como es verdad, aunque algunos lo pongan en duda, que me leo vuestros comentarios, no he podido contestar hasta ahora.
La mayorÃa comparte la necesidad de un buen estado para un adecuado funcionamiento de la sociedad. Pero ¿qué es el Estado? se pregunta Magda Sinconcilia y lo hace ante la evidencia de la amplia existencia de mal estado en el mundo, incluso allá donde se entremezclan buen y mal estado. Pero sin quitarle nada a su reflexión, como a la de otros que señalan los problemas realmente existentes en nuestras administraciones públicas -trabajamo para solucionarlo-, es importante saber que sin buen estado no hay buena sociedad, ni buen sector privado, ni buena democracia. Por tanto, ya sabemos por lo que luchar. Pero ¿realmente puede funcionar bien el estado? Se preguntan varios (Valencia, Harto II, M. Tulio Cicerón…) y trasladan un elevado escepticismo respecto a la verdad de las cosas o la realidad de las grandes palabras.
Admitidme dos cosas: primero, si analizamos casos concretos, hay para todos los gustos. Servicios que funcionan bien y otros que son mejorables. No todo es tan negro como se señala en esos comentarios. Segundo, es una evidencia que la sociedad y los seres humanos hemos mejorado desde hace ¿Cuánto? ¿50, 100, 25 años?. Y cuando digo esto me refiero también a nuestros servicios públicos, a la administración y al control a los gobernantes.Â
Con momentos en los que es difÃcil ajustar oferta y demanda y sobre todo, con un creciente y positivo nivel de exigencia por parte de los ciudadanos respecto a la calidad en la prestación de estos servicios como reclama Juan A. Sánchez y como ocurre también con los servicios privados. No, no vivimos en el mejor de los mundos. Pero tampoco seamos pesimistas no ya respecto a esto o aquello, sino respecto al propio ser humano y a su capacidad de hacer bien las cosas.
Técnica de Hacienda: leo vuestros comentarios y sigo el asunto.
Por cierto, enhorabuena a Transon y ánimo.
He participado, en Toledo, en un Foro Institucional de Jóvenes Socialistas. Ante más de doscientos jóvenes, cargos electos en ayuntamientos, parlamentos regionales y congreso, he compartido la siguiente reflexión. En primer lugar, ¿por qué hacer de la juventud un sujeto especial y diferenciado dentro de la acción polÃtica? Creo que hay dos elementos que lo justifican.
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