Archivo de Marzo de 2007
Quiero contaros mi experiencia como opositor porque creo que viene al caso a partir de los mensajes que han seguido a la intervención de Verónica. Habláis de la preparación de las oposiciones y las posibles ayudas públicas para que todos tengan las mismas posibilidades, independientemente de su nivel económico. Es una discusión sobre igualdad social, en definitiva.
Tardé dos años de preparación en sacar mis oposiciones. Trabajé para financiarme y un préstamo de mi hermano fue decisivo para poder sobrevivir mientras estudiaba. No fue fácil y creo que algo debemos hacer para eliminar esas discriminaciones entre opositores según el nivel de renta familiar. Aprobé y en mi primer destino ¿compart� nivel y sueldo con otro compañero de mi misma oposición que decidió casarse a la vez que yo, y comencé a vivir con mi actual pareja. Misma titulación, misma oposición, mismo trabajo, igual sueldo. Pero sus padres le compraron un piso que yo tardé más de quince años en poseer.
SÃ. La desigualdad social también existe y hay que hacer cosas para corregirlas pero, sobre todo, para evitar que alguien se quede fuera por causas ajenas a su voluntad y a sus capacidades. Sobre igualdad social, hablaremos en otro momento.
Este post era sobre hombres y mujeres, la Ley de Igualdad y el plan Concilia. Espero que todas esas medidas queden desfasadas por innecesarias aunque después de comprobar, todavÃa hoy, la situación en paÃses como Suecia que nos llevan años de ventaja, no sé si lo veremos a corto plazo. Dice Cabre que quiere una discriminación por seso y no por sexo, y que “los elegidos deben ser siempre los mejor preparadosâ€?. De acuerdo. Pero cuando en los estudios hombres y mujeres demuestran una capacidad y una preparación, cuanto menos similar. ¿De verdad el que haya pocas mujeres presidentas de empresas, directoras de periodicos o subdirectoras generales es un problema de su peor preparación?¿No parece mucha casualidad que la moneda de los mejor “preparados” caiga casi siempre de parte de los hombres?
La maternidad es un hecho biológico, pero no una enfermedad que incapacite a nadie. Y es verdad como dice Mágico que la discriminación contra la mujer en algunos trabajos por sus bajas de maternidad sólo se corregirá imponiendo una baja por paternidad igual. Es decir, por igualar a hombres y mujeres ante la maternidad/paternidad a efectos laborales. Sin embargo, el problema es más profundo. Es social y de costumbres de las que ni siquiera nos damos cuenta. Dice Mahel que “la maternidad es para toda la vida� y ello establece una diferencia en la predisposición de tiempo de las mujeres en el trabajo. Esa es la realidad. Pero, ¿no podemos hacer nada por cambiarla? La paternidad ¿no es también para toda la vida? Compartir el trabajo y los hijos en casa y también fuera es la respuesta que debe provenir de un cambio social al que leyes como esta pueden ayudar a lograr. El resto es resignarnos a limitar la libertad y prescindir del talento y de las capacidades de la mitad de la población, simplemente porque a veces, se quedan embarazadas. ¿No parece disparatado asà visto? ¡A ver si la Matria chilena nos ayuda!
Los hombres y las mujeres no somos iguales. Afortunadamente. Sin embargo, tenemos los mismos derechos y deberes porque una de las grandezas de nuestra democracia consiste en no permitir que las diferencias se conviertan en discriminación. Ello no ha sido siempre asÃ, ni todos lo comparten o lo ven de la misma manera.
A veces, creyendo hacerlo bien, las cosas te salen mal. Entonces, hay que aprender de los errores para no cometerlos de nuevo. Esa capacidad de aprendizaje del ser humano es la que quiero sacar hoy a colación, en el cuarto aniversario del comienzo de la guerra de Irak.
Dice una vÃctima del atentado de Atocha entonces embarazada de siete meses. Desgraciadamente otras 192 no pueden celebrarlo y centenares más se siguen recuperando de las secuelas del mayor atentado terrorista de la historia de nuestro paÃs ocurrido cuando los señores Rajoy y Acebes tenÃan altas responsabilidades de Gobierno.
Con demasiada frecuencia y a pesar de las medidas adoptadas, seguimos afrontando la vergüenza colectiva que entraña el asesinato de mujeres a manos de hombres que pensaron aquello de “o mÃa o de nadieâ€?. El que muchos se suicidaran después de hacerlo, en lugar de antes, prueba que el objetivo de sus actos era el dominio, el control, el poder: “tienes que hacer lo que yo digo, como yo digo y cuando o con quien yo digo, o… te vas a enterarâ€?. Leer artículo completo »
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