Archivo de Abril de 2007
La Fundación Fernando Abril Martorell entrega cada año un premio a la concordia en recuerdo de uno de los artífices del tan traído y llevado consenso en base al cuál se hizo nuestra transición. Este año se le ha otorgado a los interlocutores sociales CEOE, CC.OO. y UGT, sin cuya permanente actitud de diálogo y pacto, no serían entendibles los éxitos económicos y políticos de nuestro país en los últimos treinta años.
Puede que sea esta primavera tan rara, un efecto secundario de la campaña electoral o reflexiones al calor del gran interés despertado por programas como Tengo una pregunta para usted y la elevada participación en las elecciones francesas. Pero leer la prensa estos días me llena de zozobra ante la cantidad de asuntos importantes, muchos directamente vinculados a la vida y la muerte (como el creciente terrorismo suicida de raíz islamista), frente a los que tengo la sensación de que damos palos de ciego, con perdón para los ciegos, de que no sabemos bien qué hacer. Por ejemplo:
Es evidente que el tema de este ‘post’ os ha interesado y por eso han llegado muchos comentarios con interesantes propuestas. Por eso, me he decidido a seleccionar las diez que considero más destacadas. Este es nuestro decálogo de medidas para reducir la lacra de los accidentes de tráfico, empezando por la mía:
0. Un acuerdo político al máximo nivel entre todas las administraciones para que se comprometan a acabar con todos los puntos negros conocidos y constatados en nuestras redes de carreteras.
1. Cualquier infracción de tráfico grave o muy grave debe comportar la retirada inmediata del carnet. Y vuelta a empezar con todos los exámenes. Como sería reincidente, las tasas y derechos de examen tendrían que llevar recargos. Estos recargos podrían ser progresivos en función del número de reincidencias, infracción cometida y la renta y patrimonio del conductor sancionado.
2. Exigir de los jueces que apliquen al culpable la ley con el rigor exigible.
3. Regulación de la velocidad y potencia que puede alcanzar un vehículo, así como alcanzar un gran acuerdo con fabricantes para que aumenten las medidas de seguridad y para que en la publicidad no se asocien sus coches con conceptos como velocidad, riesgo, diversión…
4. Una ITV para conductores: Campañas activas de educación en Seguridad Vial para adultos. Por ejemplo, deberían organizarse unos cursillos de asistencia obligada para que los conductores pasásemos por las autoescuelas unas horas cada dos o tres años. En esos cursillos, podríamos analizar varios tipos de accidentes y ponernos al día en todas las innovaciones que se producen en aspectos relacionados con la Seguridad Vial.
5. Incrementar sobremanera el transporte público. Pero para que esto sea eficaz también hay que abaratarlo, que sea atractivo elegirlo.
6. La edad de la conducción debería no subirse, sino bajar. Debería ser obligatorio hacer cursos de conducción en pequeños circuitos desde los 10 años, junto con la correspondiente concienciación y materia teórica. Y no sería nada malo que a los 16 años, todo aquel que haya superado estas pruebas desde los 10 años pudiera sacarse el carnet y conducir acompañado de un familiar. Así se conseguiría una mayor experiencia y concienciación en la conducción antes de salir de verdad a las carreteras. Esta conducción prematura deberá hacer siempre con la compañía de un tutor.
7. Que las autoescuelas enseñen a conducir, no solo a aprobar el examen. Que además enseñen a los candidatos a cambiar ruedas, poner cadenas, que no se cometan infracciones y que no den mal ejemplo a los jóvenes.
8. Operaciones policiales de control más estrictas en las distintas salidas de localidades de ocio nocturno
9. Instaurar que las empresas con más de X-empleados, promuevan el autobús de empresa. De esta manera, se reduciría la contaminación, y menos personas harían infracciones en la carretera. Además, los profesionales del volante conducirían mejor.
10. Fomentar campañas que en lugar de asustar, ganen la confianza de los conductores.
Consideradlo una ingenuidad. Pero me revienta la aparente normalidad y pasividad con la que asumimos, semana tras semana, el número de muertos e incapacitados que dejan nuestras carreteras, 3.017 fallecidos en 2006. Algo está fallando y tendríamos que hacer un esfuerzo colectivo para abordarlo sin recriminaciones pero con un firme compromiso social de resolverlo. No debería ser una cuestión partidista, ni deberíamos pelearnos por buscar culpables, sino colaborar para encontrar soluciones eficaces.
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