Archivo de Enero de 2009

Obama s.

Ya entiendo que estamos poniendole el listón muy alto. Pero el fenómeno Obama confirma que a la gente si que le interesa la política, la buena política y sí aprecia a los políticos, a los buenos políticos. De sus primeras medidas y, todavía de su discurso de toma de posesión, me surgen algunas reflexiones más. Mas de Obama, Obamas.

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Los momentos mas duros.

        

         Ha llegado el infierno. Lo adelantó la Vicepresidenta cuando dijo en setiembre pasado aquello de vendrán más trimestres difíciles. Pero la confirmación de Solbes, unida a la puntilla de Almunia, de que en 2009 viviremos los momentos más duros de la crisis, está a punto de desatar el pánico. Los mismos que criticaron al Gobierno por negar, supuestamente, la gravedad de la situación, le acusan ahora de constatarla. Y quienes nos situábamos peligrosamente cerca del pesimismo, ahora, sin movernos, corremos el riesgo de convertirnos en moderadamente optimistas, sobrepasados por todos los que corren en busca de la última peor previsión.
Las cosas no pintan bien. Es cierto. La desaceleración iniciada a mediados de 2007, transformada en crisis a cámara lenta a lo largo de 2008, se ha convertido en la más importante recesión de nuestra historia reciente, puede durar un año y medio más antes de iniciar la recuperación, y está alterando algunos  parámetros fundamentales. Se trata de una crisis mundial, generalizada, con un claro detonante financiero pero con dimensión y características de gran acontecimiento histórico cargado de grandes incertidumbres mucho más importantes que el estéril debate actual entorno a unas  décimas de previsión.More...


             Una crisis que no se está quieta. Que cambia de contenido, de dirección y cuyo recorrido total no ha terminado porque aún hay activos susceptibles de intoxicarse. Esa es la primera gran incertidumbre: ¿por donde evolucionará esto? Siguiendo el símil  del Titánic que ya utilicé en otra columna, ahora hay mamparas que todavía aguantan con dificultad la presión del agua que entra. Pero no sabemos si lo podrán seguir haciendo durante mucho más tiempo o cederán y el resultado global será muy diferente en uno u otro caso.
            Este análisis es distinto de la tradicional discusión sobre cuando tocaremos fondo, porque sólo sabremos que lo hemos tocado, después, cuando pase. Y entonces veremos durante cuánto tiempo nos arrastraremos por ese fondo antes de volver a subir. Y puede ser largo. Pero todo depende ahora de la fortaleza de esas mamparas y de lo que haga el Gobierno/fontanero para reforzarlas.
            Sobre este asunto quiero dejar clara mi posición: el gobierno hace lo que debe, lo que puede, lo que están haciendo el resto de gobiernos. Y lo que proponen otros en nuestro país, aquello de austeridad en las cuentas y recorte del gasto público para compensar reducciones impositivas sin disparar la deuda, junto a nacionalismo pseudoproteccionista,  es exactamente la política económica que fracasó a comienzos de la depresión de los años treinta quedando desplazada, afortunadamente, por las orientaciones contrarias encabezadas por Roosevelt y Keynes. Porque el Estado ni es, ni se comporta como una familia, ya que la acción colectiva, el todo, es siempre mucho más que la suma de sus partes, especialmente en situaciones de crisis. Y este reconocimiento es lo que pone fin a la ilusión neoliberal de un mercado perfecto que se equilibra solo, a base de sumar comportamientos individuales.
            La segunda incertidumbre actual, es saber hasta cuando estarán taponadas las vías de salida de esta situación ya que vivimos nuestra primera gran crisis con el euro. La economía española ha salido de estas situaciones con una secuencia relativamente constante: primero se recuperan las exportaciones, luego las ventas en comercios, el turismo, y la vivienda. Pero claro, eso era cuando podíamos devaluar nuestra peseta y, además, el resto del mundo iba un poco por delante de nosotros en el ciclo, iniciando la recuperación también antes. Ninguno de estos elementos están presentes hoy y todavía no sabemos donde estará la senda de la recuperación esta vez. En todo caso, algo parece claro: hasta que no volvamos a construir y consumir medio millón de viviendas nuevas al año, no empezaremos la recuperación. Si eso es así, y aunque los procesos no pueden sustituirse de manera artificial, resulta urgente definir, entre las tres administraciones afectadas y la banca, una política articulada, global y sostenible para el sector de la construcción residencial que empiece por ayudar a absorber el remanente invendido que se acumula hoy por toda España.
            La tercera incertidumbre es saber donde y hasta donde tiene el Estado que ejercer una cierta tarea planificadora, junto al sector privado, sobre el destino de los cuantiosos volúmenes de recursos públicos puestos en circulación para hacer frente a lo peor de la crisis, incluyendo las contrapartidas exigibles a la iniciativa privada para acompasarlos. Esto aplica tanto para las ayudas bancarias, como para la proliferación de ERES que deberían convertirse en auténticos planes de reconversión sectorial como los de antes, en línea con las actuaciones de otros países como Francia. Si esto va para largo, deberemos tener claro que las ayudas públicas tendrán que mantenerse también durante un tiempo. Y más vale hacerlo con la intensidad adecuada, pero de forma coherente y planificada, por actuaciones y no por ministerios o autonomías.
            La cuarta incertidumbre sobre nuestra situación actual se refiere a cuándo el Gobierno planteará a los interlocutores sociales un cambio en la actual regulación de la protección por desempleo para. . . ampliarla. El auténtico debate con relevancia social y política no es apostar por si rebasaremos determinado número de parados a finales de año, sino ver cómo mejoraremos la situación de aquellos que, de manera creciente en los próximos meses, no encuentren empleo, tengan la cobertura agotada y no cumplan los requisitos para acceder al subsidio. Hacer frente a la crisis sin recortes sociales, como ha destacado de manera reiterada el Presidente del Gobierno, significa exactamente eso. Porque el mercado de trabajo es secundario respecto al crecimiento y ni el paro, ni el empleo se genera de manera endógena desde las reglas del mercado de trabajo, a pesar de las mejoras introducidas en los servicios públicos de empleo.
            Espero que el próximo debate parlamentario sobre la crisis, el quinto que protagonizara el Presidente del Gobierno esta legislatura, ayude a despejar las dudas, a templar los ánimos y a resaltar la crudeza de las cosas, pero también nuestras fortalezas y oportunidades.
 

 


¡Ponga un Obama en su vida!

Me resulta imposible sustraerme a la fuerza esperanzadora de Obama. Mi escepticismo inicial se ha ido modelando conforme he visto algo muy difícil de conseguir, pero muy necesario en política: alguien capaz de devolver la ilusión a la gente. No se cómo acabará todo. Pero el comienzo, merece la pena. La política puede ser otra cosa y los políticos, también. Obama.

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Lecciones marginales de esta crisis (II).

Toda crisis airea nuestras debilidades y pone fin a la sensación de invulnerabilidad que recubre al éxito continuado. Pero también abre oportunidades para poner fin a los excesos que se han producido, sentando las bases de una nueva etapa de bonanza más sostenible. 

Tercera lección: lo público y lo privado se necesitan mutuamente. Visto lo visto, deberíamos acordar que ni el Estado es el problema, siempre, ni lo privado es la solución, siempre. Que cada uno tiene una importante función que cumplir, que cada uno se necesita porque sus labores son complementarias. Aunque la gente se fía de lo privado, cuando llegan las dificultades serias, confía más en lo público. Leer artículo completo »


Lecciones marginales de esta crisis (II).

Toda crisis airea nuestras debilidades y pone fin a la sensación de invulnerabilidad que recubre al éxito continuado. Pero también abre oportunidades para poner fin a los excesos que se han producido, sentando las bases de una nueva etapa de bonanza más sostenible. 

Tercera lección: lo público y lo privado se necesitan mutuamente. Visto lo visto, deberíamos acordar que ni el Estado es el problema, siempre, ni lo privado es la solución, siempre. Que cada uno tiene una importante función que cumplir, que cada uno se necesita porque sus labores son complementarias. Aunque la gente se fía de lo privado, cuando llegan las dificultades serias, confía más en lo público. Leer artículo completo »


No se puede mantener un sistema que…

Lo dice el Premio Nobel R. Pachauri, a quien tuve el honor de conocer en su reciente comparecencia en la Comisión Parlamentaria de Cambio Climático: No se puede mantener un sistema que sólo piensa en los ricos. Yo añado: no se puede mantener un sistema que  solo piensa en los poderosos, es decir, en quienes tienen poder, cualquier clase de poder: sobre los hijos, los alumnos, los enfermos, el dinero, los misiles o los viajeros de avión.

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Lecciones marginales de esta crisis (I).

No hay dos crisis económicas iguales, pero todas cursan con los mismos síntomas principales: paro y recesión. Cada episodio se desarrolla y estalla en un contexto distinto aunque pueden encontrarse pautas comunes vinculadas a características humanas básicas (codicia, incredulidad, engaño, etcétera). Sin embargo, resulta útil aprender de las experiencias, no tanto para evitar que se repitan ya que nunca lo hacen de la misma manera, sino para ayudarnos en los períodos de bonanza introduciendo mejoras en el comportamiento colectivo derivadas de una mejor comprensión del mismo.

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Decíamos ayer…,

Debe resultar descorazonador para los economistas actuales, incluidos los premios Nobel, enfrentarse a una de las mayores crisis económicas de las que tenemos constancia con poco más que las recetas propuestas por otro economista en los años 30 del siglo pasado.
El comportamiento humano parece no haber cambiado demasiado desde entonces. Por ello, sabemos que ante una incertidumbre paralizante provocada por una crisis económica de gran magnitud que se prevé duradera, los individuos tienden a atesorar el dinero de que disponen, frenando el consumo y la inversión privada. Esa actitud, generalizada, limita la capacidad de la política monetaria o de las rebajas impositivas como instrumentos para reactivar la demanda privada al colocar más liquidez en manos de quien ahora, como los bancos, la guarda. Ello sólo deja a un agente económico, el Estado, cuyo gasto público actúa con una lógica distinta, como principal motor en la lucha contra la parálisis de los circuitos normales de la economía.

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