Archivo de Noviembre de 2009

Otro Estatut fue posible. (Publicado en Público)

Cuando Rajoy salió de su entrevista con Zapatero en enero de 2005, anunciando la creación de un comité bilateral PP-PSOE para abordar las reformas estatutarias, muchos dimos un respiro de alivio. Se abría la puerta a que tanto la reforma del Estatut de Catalunya como la derivada del plan Ibarretxe se pactaran entre los dos grandes partidos nacionales. No sólo entre ellos, pero con ellos.

Por aquel entonces, yo había tenido, como ministro, algunos contactos discretos con Josep Piqué, muy interesado en no quedarse descolgado de la reforma estatutaria. El ministro de Industria, José Montilla, tenía también sus encuen-tros con el líder del PP catalán sobre la evolución de los acontecimientos en la ponencia que estudiaba el nuevo Estatut en el Parlament y cuyos trabajos nos llenaban de inquietud creciente por la deriva soberanista que iba adquiriendo como consecuencia del envite recurrente entre ERC y CiU. Leer artículo completo »


Muchos vagones no hacen un tren. (Publicado en Mercados de El Mundo)

Tiene que salir bien. En beneficio de todos, la apuesta del Gobierno en favor de un cambio del modelo productivo desde la cantidad y el precio, hacia la calidad y el valor añadido, tiene que salir bien. Cuando escribo este artículo no conozco el contenido de la Ley de Economía Sostenible. Y, la verdad, da un poco lo mismo, porque la literalidad se puede corregir mediante ese «empuje colectivo» que reclamaba Zapatero. Leer artículo completo »


Yo, ¡lo quiero todo sostenible!

No es un advenimiento, ni la varita mágica que convierte calabazas en carrozas o ratas en briosos corceles. De hecho, solo con desgravaciones fiscales, en época de austeridad presupuestaria, y créditos-atascados-ICO, los instrumentos no estan a la altura de las ambiciones. Y, sin embargo, la música suena bien y merece apoyarse un intento de cambiar, por amplio consenso, la forma mayoritaria en que producimos, transportamos y consumimos en España para desplazarse hacia una basada en la calidad, el talento, el valor añadido y la eficiencia energética compatible con la lucha contra el cambio climático. Sin olvidar que una economía puede ser técnicamente sostenible con cuatro millones de parados, pero un país, no. Por tanto, el indice para medir la sostenibilidad debe incorporar, también, la capacidad de crear empleo.

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Y saldremos de la crisis, cuando… (Publicado en Mercados de El Mundo)

Vamos a repetir con la salida de la crisis, el mismo debate que tuvimos a la entrada, pero al revés. El Gobierno, ahora, interpretando el primer dato positivo, aunque sea medido en tasa intertrimestral anualizada dividida por dos y multiplicada por tres, como el inicio triunfal de la recuperación y la oposición, aunque el PIB empiece a crecer, echándole en cara las cifras del paro como prueba de nuestro retraso en la salida.
 El ministro de Trabajo ha dicho que de esta crisis habremos salido, no cuando los bancos que nos metieron en ella vuelvan a ganar dinero, sino cuando los trabajadores en paro hayan recuperado su empleo. Bien. Es un criterio, que también ha mantenido el Presidente del Gobierno en su intervención ante la asamblea sindical del metal y que por ser sensata, en términos políticos, espero que mantengan en los próximos trimestres y que la hagan extensiva, también, a la Vicepresidenta Económica cuyo gozo ante los datos de Contabilidad Nacional del último trimestre ha sido, en mi opinión, excesivo, si tenemos en cuenta que seguimos en recesión mientras otros países ya están saliendo y que en relación al año pasado “solo” caemos un 4% adicional. More...
 Una de las tareas importantes de los Gobiernos, sobre todo en momentos de crisis, es generar confianza (no optimismo), en base a la certidumbre de sus actuaciones y declaraciones. Cambiar de posición según sopla el viento, contribuye a generar perplejidad, desconfianza y a perjudicar el desempeño económico. Por eso conviene aclarar desde ya cuando consideraremos superada esta crisis para evitar, como digo, el debate absurdo con que la iniciamos.
 En términos técnicos, la recuperación empieza al tener dos trimestres consecutivos de crecimiento, respecto a los trimestres anteriores, por encima de cero. Puede haber, por tanto, crecimientos positivos de un trimestre respecto al anterior aunque, como pasa ahora, sigan siendo negativos en relación con el mismo trimestre del año anterior. Como la comparación es con períodos que tuvieron ya un resultado muy negativo, podemos encontrarnos ante una recuperación estadística. Es decir, comparado con lo peor, lo malo sale positivo, pero sigue siendo malo.
 También podemos tener tasas de crecimiento entre cero y uno por ejemplo, por lo se podrá decir que hemos salido de la crisis, pero que sean insuficientes para absorber el desempleo acumulado. Con el criterio expresado por el ministro, no podremos considerar que estaremos saliendo hasta que veamos tasas de crecimiento creadoras de empleo neto, es decir, en ausencia de reformas estructurales, tasas superiores al 2,5% anual. En el pasado, absorber tasas elevadas de paro como la actual, nos ha llevado una década.
 Quiero recordar que en las previsiones gubernamentales que acompañan a los Presupuestos, se prevé un 2010 todavía en recesión (crecimiento anual negativo), aunque, a lo mejor, con tasas ya positivas de crecimiento en el último semestre. Y aportando la experiencia personal de estas semanas hablando con muchos empresarios de muchos sectores y Comunidades, detecto un pulso empresarial débil. Aquellos que han conseguido llegar hasta aquí con muchas dificultades, han agotado todos sus márgenes de maniobra y de resistencia. Y si nos enfrentamos a un año adicional de sequía crediticia y de contención de la demanda, aunque se recuperen algo las exportaciones, muchas empresas tendrán serias dificultades para acabar el año próximo sin ajustes de plantilla, aunque sean con el nuevo modelo alemán que tanto recuerda a algunas modalidades españolas de ERES que no han tenido ningún éxito entre nosotros.
 Eso es lo que me hace pensar, precios del petróleo y tipos de interés al margen,  que no podemos descartar una recaída y, me hace defender, por tanto, que debemos acelerar la reconversión bancaria para volver a centrar al sector en su función crediticia  y, por el contrario, no tener prisas en retirar las ayudas públicas a la economía acompañándolas de las reformas estructurales que todo el mundo coincide en que son necesarias y que cada vez cuesta más entender por qué se están dilatando tanto en el tiempo.
 En todo caso, y con las luces largas que da nombre a esta sección, es oportuno reflexionar, también, sobre la economía con que nos encontraremos, cuando salgamos de la crisis. Que no volveremos al punto de partida, como si despertáramos de un mal sueño, parece razonable y conveniente. Pero, ¿Dónde estaremos? ¿Quién creará el empleo necesario para ocupar a los parados, más las nuevas incorporaciones que se produzcan al mercado laboral? ¿Qué tipo de empleos serán necesarios y con que formación? ¿Los tendremos? ¿Cómo lo conseguiremos?
 Espero que la apuesta del Gobierno por un cambio de modelo de crecimiento, impulsando aquellos vectores transversales de competitividad que permitan generalizar los principios de una economía sostenible, vaya tan en serio, como sus declaraciones al respecto y que no se obsesione tanto con sectores, sino con técnicas productivas. Lo veremos cuando aprueben la anunciada Ley de Economía Sostenible. Pero esa norma deberá ir acompañada de otros instrumentos,  porque no es lo mismo intentar cambiar el patrón de crecimiento, cuando se está creciendo, que intentar modificarlo con casi cuatro millones de parados.
 En esta circunstancia, sin talismanes mágicos, es más necesaria que nunca la complicidad social y empresarial, de las otras administraciones implicadas, financiación adicional efectiva (no solo sobre el papel) y  reformas en el mercado laboral, así como en los servicios públicos de empleo.
 Entramos en la crisis siendo la octava potencia económica del mundo. Nos hemos empobrecido durante la misma. ¿En que lugar estaremos cuando salgamos? ¿Con qué nivel de cohesión social? ¿Cómo se está repartiendo la pérdida de riqueza? Esas son las preguntas fundamentales. El cómo salimos, al mismo nivel que el cuándo.
  El futuro será lo que queramos que sea, pero dentro de los márgenes abiertos por las decisiones, o su ausencia, que hayamos ido tomando. Para que no choquemos, de repente, con una salida de la crisis que no nos guste, tenemos que adoptar medidas que deberían haber sido tomadas ya. Pero como dice la sabiduría popular, nunca es tarde….


Cuestion de ADN

Todavía sin asimilar la noticia de que el ser humano comparte con el chimpancé el 96% del ADN (antes se creía que más!!) y sus implicaciones sobre cuánta distancia habrá entre el ADN de un pobre y un rico, uno de izquierdas y otro de derechas o un blanco y un negro, pàra que muchos se crean tan diferentes por esos detalles culturales, vienen ahora los científicos a decirnos que el ADN del maíz, ¡es más complejo que el nuestro!. Y me pregunto, ¿como se verá desde los maizales nuestras absurdas peleas, mientras somos incapaces de hacer frente a problemas comunes como el hambre, el cambio climático o las injusticias y abusos de los que se creen más que otros.

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El alma de la democracia.

La democracia es el peor sistema de gobierno, si se excluyen todos los demás. Pero eso no significa que podamos llamar democracia a cualquier cosa – las dictaduras comunistas se llamaban democracias populares – ni que la podamos reducir a poder votar cada equis años. Nuestra democracia ha perdido su alma. Aquello que permite unir el conjunto de reglas, leyes y procedimientos en un sistema de organización política superior a cualquier otro. Y ese alma, depende mucho de la confianza entre representantes y representados. Vivimos múltiples episodios de quiebra de esta confianza, en España y fuera de España, lo que nos lleva a una democracia defectuosa. Entender que sin democracia plena,quienes más sufren son los menos poderosos, que son la mayoría, convierte en exigencia urgente arbitrar mecanismos de regeneración democrática. Sin ella, creamos el caldo de cultivo en el que proliferan los corruptos, los sin escrupulos, los inmorales.

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Por una Economía Sostenible. (Publicado en Mercados de El Mundo)

En el tiempo en que se han publicado los primeros cien números de Mercados y, en parte, gracias a ellos, hemos aprendido muchas cosas sobre nuestra economía, por ejemplo, que no podemos seguir basando nuestro crecimiento, en pautas de funcionamiento que se agotan provocando crisis recurrentes. 

 Un modelo de crecimiento no se define por los sectores económicos predominantes, sino por los modos de crecer,  por la manera en que combinamos los factores productivos, aunque algunas pautas se adaptan mejor a unos sectores que a otros. La última fase alcista de nuestro ciclo, el período que se inicia en 1994 y acaba con la crisis actual, se basa en la cantidad y en el precio. Crecimos, porque incorporamos más trabajadores (absorbemos el paro anterior y a los inmigrantes) que incrementaron el consumo privado y más inversión, gracias a la caída del precio del dinero (tipos de interés vinculados al euro) y del precio de la mano de obra (moderación salarial). More...
Cantidad y precio determinaron el auge, a costa de la productividad y de la competitividad que empeoraron durante todo el período. Crecer así, se agota en si mismo y por eso debemos transitar hacia otro modelo basado en la calidad, la eficiencia, el valor añadido y el talento, como nuevas pautas hegemónicas más duraderas, que deben implantarse en todos los sectores. No hacer las cosas más baratas, sino mejor.

El Gobierno ha dicho que quiere promover este cambio mediante la Ley de Economía Sostenible y todo el mundo se pregunta: ¿Qué es una economía sostenible? Como los expertos no se ponen de acuerdo en una respuesta, propongo definir Economía Sostenible como aquella que se sostiene por si misma sin caerse, a lo largo del tiempo; es decir, aquella capaz de reproducirse, garantizando a las generaciones futuras las condiciones de su crecimiento.
Para que ello sea posible, debe mantener, también a lo largo del tiempo, una relación equilibrada entre:
-          Producción y Recursos Naturales.
-          Producción y Consumo.
 

Todo acto de producción utiliza recursos naturales finitos y al hacerlo, modifica su situación. El consumo, por su parte, es lo que estimula la producción en una relación dinámica. Mantener los equilibrios no significa, necesariamente, un estado estacionario de crecimiento cero y menos, de decrecimiento como se está proponiendo desde algunos sectores. De hecho, una economía sostenible sin paro, debe ser compatible con un crecimiento positivo, es decir, con la obtención de un excedente a partir de un output superior al input.
La condición de sostenibilidad la dará, en esas circunstancias, una alteración controlada de las condiciones iniciales, entendiendo por tal aquella que no empeore el estado de ambos equilibrios hasta el punto de romper la capacidad del sistema para reproducirse a largo plazo.
Podríamos decir que una Economía Sostenible se situará entre un mínimo de modificación de las condiciones iniciales de recursos naturales y un máximo tal de alteración que haga ciertamente inviable, en algún momento, el seguir produciendo. En esas condiciones, existirán varios puntos de equilibrio entre ambos extremos donde podamos situar una economía sostenible.  Hacerlo en un punto o en otro del intervalo de posibilidades, es una decisión social a partir de la consideración de varios elementos.
El equilibrio entre Producción y recursos naturales finitos estará determinado, sobre todo, por el estado de la técnica en cada momento. Sólo ella será capaz de encontrar nuevos yacimientos, mejoras en la utilización eficiente de los mismos, sustitución por recursos artificiales etc. El concepto moderno de recursos naturales debe incluir todo lo relacionado con el medio ambiente (contaminación, tratamiento de residuos…) siendo el cambio climático un punto de desequilibrio que se situaría más allá del máximo de alteración compatible con una economía sostenible. Dicho de otra manera, buscar una economía sostenible nos obliga, hoy, a desplazarnos hacia una sociedad con menor consumo de carbono (incluido el carbón nacional) con una prioridad y urgencia tal que además de efectuar esfuerzos en las negociaciones internacionales de Copenhague en busca de un Kyoto II, hay que replantearse a nivel nacional algunas cuestiones como la energía nuclear.
Por su parte, el equilibrio entre producción y consumo está determinado por la distribución social de la renta (dado que las propensiones al consumo varían según el nivel de renta y según sea mayoritario el consumo público o el privado) y por el conjunto de reglas y hábitos de consumo hegemónicas en un momento dado (nivel y tipo de consumismo).
Para una tecnología dada, la cantidad de producción puede ser excesiva en un momento, en el sentido de romper el equilibrio con los recursos naturales. De igual forma, para una distribución de la renta y unas pautas de consumo dadas, el consumo puede forzar una producción desequilibrante e insostenible. Pero una modificación en la tecnología, en la distribución de la renta o en las pautas de consumo generales, incrementará el campo de posibilidades de tener una economía sostenible, en la medida en que ampliarán la distancia entre el máximo y el mínimo deterioro tolerable.
         Actuar en la dirección de conseguir una economía sostenible exige, por tanto, hacerlo sobre tres vectores transversales claves: el tecnológico (eco-innovación), la composición y calidad del consumo (eficiencia energética, productos reciclables, distribución de la renta) y la cantidad del consumo (consumo responsable).
         Con esos objetivos, la magnitud de la tarea es tal, que hacerlo, excede las capacidades de todos los estados. Si no se involucra a la sociedad civil y al mundo empresarial en un rediseño de responsabilidades entre una nueva administración y un nuevo sector privado, como está impulsando la ONU con su iniciativa Pacto Mundial, será imposible llevar al terreno de lo real, las decisiones legales y normativas que se puedan alcanzar en la esfera política. Abordar en serio estos problemas, como la lucha contra el cambio climático, exige una nueva cogobernanza  que supere las tradicionales formas de relación entre los ámbitos públicos y privados.
Esa es la ambición transformadora con la que debe plantearse, para las próximas generaciones, un modelo de crecimiento basado en una economía sostenible.


Tras veinte años sin muro, revisitemos a Marx

El veinte aniversario de la caída del muro de Berlín y, con él, de la revolución de terciopelo que se llevó por el aire tantos años de privaciones, sufrimientos y dictadura en los países llamados del socialismo real, me parece una excusa, tan válida como cualquier otra, para revisitar los postulados teóricos de Marx. Mi tesis será que las dictaduras comunistas tuvieron tanto que ver con las teorías de Marx como la Inquisición católica con el Nuevo Testamento. Además, pienso que muchas de las denuncias planteadas por Marx al capitalismo siguen teniendo vigencia, sobre todo, después de la crisis actual.  Leer artículo completo »


Cuaderno de Debe…Ser. (Publicado en Mercados de El Mundo)

Muchas personas preguntan qué más se puede hacer para combatir la crisis, una vez empieza, vía enmiendas, a mejorarse los Presupuestos en su tramitación parlamentaria. Piden que se cuente qué son esas famosas reformas estructurales de las que tanto se habla y tan poco se explica. Intentaré hacerlo hoy, citando, a título de ejemplo, seis de las más urgentes.
1.      Reforma sanitaria. Tenemos un sistema nacional de salud pensado para hacer frente a enfermedades agudas y somáticas cuando hoy la mayoría de las necesidades se concentran en enfermos crónicos y mentales. Este cambio no es ajeno al envejecimiento de la población, ni a las mejoras en el estado general de salud como consecuencia del incremento en el nivel de vida. Pero pasar del modelo de cuidados sanitarios que tenemos, al que necesitamos, requiere cambiar: los espacios físicos, donde el gran hospital pierde protagonismo en beneficio del tratamiento en casa; el papel de una atención primaria más especializada en detección precoz y prevención de las enfermedades; las actuales jerarquías médicas hacia equipos interdisciplinares con más protagonismo de la enfermería y las tareas vinculadas a la ley de la dependencia; un sistema de retribuciones ligado más al desempeño que a la atención cuantitativa; una nueva relación con la industria farmacéutica dando más protagonismo a la investigación etc. Dado que el total del gasto sanitario en España alcanza entorno al 8% del PIB y creciendo, de no hacer nada nos encontraríamos ante la paradójica situación de ver como cada vez hace falta más dinero, para prestar un servicio cada vez más insatisfactorio. Y de hacerlos, no solo mejoraríamos el bienestar social general, sino que se abrirían nuevos yacimientos de empleo en un sector intensivo en mano de obra cualificada.
2.      Reforma del régimen de pensiones. Todo apunta a que con una perspectiva de veinte años, necesitamos hacer retoques importantes en nuestro sistema de seguridad social para seguir garantizando unas pensiones públicas que se aproximen a las europeas. Nada distinto de lo que ya hicimos en el Pacto de Toledo, pero actualizado a las nuevas exigencias de nuestra pirámide poblacional y de los deseos crecientes de entrar en una senda de jubilación flexible. Estamos hablando de una política que significa el 10% del PIB y cuyos ingresos reposan, de manera excesiva, en un impuesto regresivo sobre el empleo. Reforzar la contributividad del sistema, ampliar los espacios de oportunidad para los planes colectivos de empleo y alargar la edad real de jubilación, son piezas de esta revisión.
3.      Reforma del sistema educativo. Entre las cien mejores universidades del mundo no hay ninguna española, nuestra tasa de fracaso escolar supera la media europea por lo que, año tras año, colocamos en el mercado laboral a miles de jóvenes con insuficiente cualificación y todavía estamos lejos de tener un sistema eficiente de formación profesional. Estos son los problemas reales que convierten al sistema educativo español en un lastre para el conjunto de la sociedad ya que difícilmente habrá cambio de modelo productivo, avances en investigación y desarrollo o mejoras en la productividad, sin una profunda revisión del contenido y estructuras del sistema educativo, para adecuarlo a las necesidades y posibilidades de una sociedad del siglo XXI.
4.      Reforma de las Administraciones Públicas que, en conjunto, controlan entorno al 50% del PIB. Debe hacerse con cuatro vectores simultáneos: primero, reducción de las cargas burocráticas mediante un desarrollo profundo de la Ley de Acceso electrónico a la administración y el programa europeo de supresión de trámites; segundo, mejora en la regulación y en la coordinación entre administraciones para evitar duplicidades, tercero, aplicar de forma masiva planes de evaluación de la eficiencia del gasto público suprimiendo todo aquello que resulte escasamente útil, cuando no directamente inútil y cuarto, cambios drásticos en el servicio público de justicia para que sea tal. Conseguirlo, exige involucrar a los empleados públicos, mediante un adecuado desarrollo del Estatuto, incluyendo los planes de prejubilaciones asociados a simplificaciones de estructuras administrativas.
5.      Reforma del mercado de trabajo en, al menos, los cuatro puntos siguientes: reforzamiento de la causalidad en la contratación temporal con planes de lucha contra el fraude; generalización de los nuevos contratos indefinidos acordados en 1997; extensión de las posibilidades del contrato indefinido a tiempo parcial y compromisos a favor de la conciliación de la vida personal y familiar, incluyendo restricciones a las horas extraordinarias. Flexibilizar los mecanismos de la negociación colectiva parece imprescindible, además, para que los ajustes ante el ciclo, no se realicen de manera casi exclusiva vía despido.
6.      Reforma del modelo de crecimiento, potenciando el talento, el valor añadido, la innovación y todo lo que reduzca nuestra dependencia del carbono, en la perspectiva de la lucha contra el cambio climático. Extender ese nuevo modelo a los sectores económicos tradicionales, incluyendo la construcción, el transporte, la energía, las administraciones o la agricultura, será la prueba del éxito de esta propuesta.
 

Estas seis reformas no son las únicas aunque, seguramente, están entre las primeras. Todas tienen tres elementos comunes: hace falta un amplio consenso con las CC.AA porque solo se pueden hacer desde un federalismo cooperativo; necesitan una amplia complicidad con la sociedad civil y el mundo empresarial para que pasen del Boletín Oficial a la realidad y, todas aconsejan un gran consenso entre las fuerzas parlamentarias para dotarles de estabilidad en el tiempo. Nada distinto de lo que, como país, ya hemos hecho otras veces en el pasado reciente y ahora se está intentando en, al menos, la mitad de ellas.
Pero la diferencia entre hacerlas ya o retrasarlas es fundamental en los tiempos que corren. Para acelerar la salida de la crisis, para lanzar un mensaje potente de credibilidad como país a esos mercados financieros internacionales que necesitamos como financiadores de la deuda, para reforzar nuestra confianza en nosotros mismos y en nuestras capacidades, para mejorar el bienestar colectivo. Que cada uno añada otra de las muchas reformas necesarias y luego, se pregunte, ¿por qué no las hacemos? ¿que impide, siquiera, intentarlo en serio?


¿Quién le concederá crédito?. (Publicado en Mercados de El Mundo)

En 2010 será tan difícil financiarse mediante crédito bancario como ahora que, según el Eurobarómetro, los españoles somos los ciudadanos de la Unión Europea que tenemos más problemas para conseguir hipotecas, créditos y tarjetas de pago. A lo mejor, en eso consiste el tan mentado cambio de modelo de crecimiento de la economía: en empezar a comprar a tocateja, salvo la Administración Pública, cuyo elevado déficit tendrá que encontrar financiadores aunque sea en los renacidos mercados internacionales, o que usted quiera quedarse con una de las miles de viviendas propiedad de las entidades financieras en cuyo caso, espero que, además de un precio ajustado, le concedan unas buenas condiciones de financiación. Gracias a ello, en las estadísticas podrá aparecer un ligero crecimiento en la cifra de crédito global concedido, aunque para mi, para usted y para el empresario de la esquina, si no ha cerrado, seguirá siendo más difícil encontrar un crédito, que al famoso unicornio azul de la canción.More...
         Y la cosa tiene su aquel. Porque conseguir una economía moderna sin crédito, sí que significaría una refundación del capitalismo aunque, me temo, a escala nacional española. Me explico. En la historia del pensamiento económico, una de las teorías más potentes sobre las crisis recurrentes ha surgido del marxismo. Del de Carlos Marx, con perdón. Aquella que partiendo de la hipótesis de una depauperización creciente de los trabajadores en un sistema de dos clases sociales donde una explotaba a la otra, preveía un momento futuro en el que los capitalistas agotarían los mercados donde vender sus productos, llegando así a una crisis final por una combinación de subconsumo más sobreproducción.
De ahí toma su razón de ser el expansionismo colonialista y el imperialismo, en búsqueda desesperada de nuevos mercados donde colocar los productos excedentarios. Esto fue así hasta que llegaron el binomio empresarial Taylor-Ford, que descubrieron el mejor y más inagotable mercado, capaz de absorber todas las mercancías producidas, en los propios obreros de los países industrializados, aunque eso significase asumir una nueva política de subidas salariales y de integración de los trabajadores en el sistema productivo, social y político. Así, la demanda potencial existente se convirtió en demanda efectiva gracias a una mejora sustancial del reparto de la renta a través de los salarios. En ese momento, el crédito es simplemente una manera de mover en el espacio y en el tiempo, determinadas decisiones económicas.
En los años treinta del siglo pasado, se vuelve a plantear un problema de crisis económica por falta de demanda. En este caso, derivado del hecho de que una gran incertidumbre respecto al futuro paraliza las decisiones de consumo de los ciudadanos, abriendo una nueva brecha entre la demanda potencial y la efectiva, lo que retroalimenta la crisis. Entonces es cuando Keynes teoriza la necesidad de un mayor protagonismo estatal que ayude a cubrir esa distancia entre demanda real y la demanda suficiente para eliminar el desempleo, mediante la confianza que transmite su aval y un gasto público masivo.
De entonces acá, el problema de encontrar mercados en los que vender una producción cada vez mayor y más diversificada, ha seguido estando presente en todas las épocas. La globalización ha sido una respuesta en busca del mercado mundial que limitara, además, los avances salariales. Entonces, el crédito financiero asume un nuevo papel como mediador entre necesidades crecientes y posibilidades menguantes, lo que ha sido fundamental en el caso de las subprimes donde para alimentar la espiral compulsiva de la compra y de los beneficios de quien vende, se concedieron créditos, a quienes por su situación, no podían devolverlos. Pasar de esa situación, en la que vivió con mayor o menor intensidad e ingenio todo el orbe capitalista, a  una sequía crediticia prolongada como la que puede acontecer en España, devendrá en un auténtico cambio de modelo de consumo y, por tanto, de producción.
No se como será el resultado final, ni por cuanto tiempo más podremos aguantar un sector privado donde impera una situación de créditos ausentes, fuertes incrementos del ahorro y  desapalancamientos masivos. Porque si no cambiamos, de base, el mundo y no solo el modelo productivo – y de ello, tal vez, termine por ocuparse ese cambio climático silente que no  acabamos de incorporar entre nuestras máximas preocupaciones a pesar de todos los datos ya existentes – sin recuperar una actividad crediticia significativa, no seremos capaces de consumir en cantidades que permitan ocupar a todos aquellos que hoy están en paro más los nuevos que quieran incorporarse al mercado de trabajo. Es decir, sin crédito, no saldremos de la crisis económica.
Tal vez por ello, el Presidente del Gobierno, hablando esta semana ante los máximos representantes de las empresas norteamericanas en España y después de observar la esgrima parlamentaria entre su Vicepresidenta Económica y el líder de la oposición respecto a los Presupuestos, ha adoptado un tono más próximo a ese medio pesimismo generalizado que impera en nuestro país sobre las perspectivas del año que viene. En él, ya no aparece sólo el riesgo de recaída sino que se teme una recuperación lánguida y en forma de dientes de sierra precisamente porque los encargados de lubricarla con créditos financieros están atrapados entre vender pisos y los escarceos respecto a fusiones, integraciones, compras o nombramientos. Y así no es extraño que resulte difícil encontrar a alguien ocupado en analizar créditos.
En esa situación, crear, como ha hecho el Gobierno, la figura de los “facilitadores” de créditos, pues eso, qué quieren que les diga. Me parece más importante que el Banco de España haya empezado a dar señales de vida llamando la atención a las entidades financieras por su elevado stock inmobiliario, a la vez que facilita encontrar una rápida salida al mismo mediante una modificación de la normativa de provisiones. Ahora sólo falta que aceleren al máximo la necesaria reestructuración financiera para que nuestras entidades de crédito puedan dedicarse cuanto antes, a eso, a concedernos créditos. Porque si no lo hacen ellas, ¿quién lo hará?, ¿las renacidas entidades extranjeras?.







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