Archivo de Marzo de 2011
No levantaremos cabeza económica en España, hasta que no volvamos a levantar pisos, con normalidad. Sin cometer los abusos y corruptelas del pasado que no sólo hicieron insostenible el anterior modelo inmobiliario, sino que se encuentran en el origen de la actual crisis financiera y económica. Pero sin cometer nuevos errores como pensar que podremos recuperar un nivel de creación de empleo adecuado, sin que la construcción inmobiliaria vuelva a aportar al PIB más que ahora.
No se qué le contarán al presidente los grandes empresarios de este país, convocados de nuevo el próximo sábado a Moncloa, pero la cosa está chunga. Y por si faltaba poco, la catástrofe de Japón que, además del importante impacto en vidas o de precipitados debates esencialistas sobre la energía nuclear, impactará sobre la economía mundial de manera negativa, a poco que las empresas japonesas tarden en regresar a una cierta normalidad productiva e inversora. Leer artículo completo »
Al menos tres medios nacionales sacan hoy, como “noticia”, la posibilidad de que ZP anuncie en el Comité Federal del 2 de abril su renuncia a repetir, como candidato del PSOE, en las próximas elecciones generales. Pues bien, por si acaso es cierto y antes de que ocurra, quiero que conste mi desacuerdo con esa posible decisión. Y daré tres razones en esta la última vez que, creo, trataré el asunto aquí. Leer artículo completo »
Desconfío de la gente que lleva la misma ropa haga frío o calor. Manifestarse insensible a las condiciones cambiantes del entorno es una cualidad deseable para los budistas, como para los estoicos, desde el punto de vista de forjar el carácter y conseguir la paz espiritual. Pero resulta desastroso para quien aspira a resolver problemas reales y no sólo a soportarlos. Captar el pulso volátil de la realidad, en cada momento, y ajustar las políticas a las necesidades móviles de la vida es, sobre todo en épocas turbulentas como ésta, la diferencia fundamental entre un estadista y un funcionario del FMI aplicando su receta universal.
Fué el Presidente Zapatero, en uno de sus errores no forzados, quien dió la interpretación del “furor reformista” que le entró a partir de mayo de 2010: no lo hago por voluntad, sino que me lo imponen. Me lo imponen Alemania o los mercados, pero el recorte de sueldo a los funcionarios, la congelación de las pensiones, las reformas del mercado laboral, del sistema de pensiones o de la negociación colectiva, lo hizo, por imperativo real, con cara de Merkel. Por eso resulta crucial analizar las nuevas imposiciones alemanas en el Consejo de esta semana para ver por donde irá nuestro país. Y. en concreto dos: vincular salarios a productividad y rebajar impuestos sobre el trabajo, porque ambas admiten distintas soluciones, en un jardín cuyos senderos se bifurcan.
Evitar que haya personas que se mueran de hambre junto a nosotros por falta de recursos, es una preocupación de las sociedades desarrolladas. Cuando se pensaba que la condición de pobre derivaba de un castigo divino a las malas acciones de quien caía en ella, sólo la caridad individual de unos, o el robo por necesidad de los otros, ayudaban a mitigar la situación. Hubo que esperar hasta 1535 para que Luis Vives, en su “Socorro de los pobres”, propusiera a los regidores de las ciudades organizar un servicio de asistencia social. Apareció, así, la beneficencia, centrada en: construir hospitales, casas de residencia para pobres y servicios de formación para el trabajo porque la esencia de la postura de Vives radica en que todo el que quiera vivir, debe de trabajar.
Esta entrada no me proporcionará muchos amigos. Si el Gobierno, con las medidas de ahorro energético se desliza hacia el estrambote, quienes le critican, incluido quien aspira a ser Gobierno, se deslizan hacia lo bizarro. La bronca, más que el debate, sobre las 20 medidas de ahorro energético aprobadas, marca los límites del modelo político partidista en que estamos: un callejón sin salida aparente en el que lo único que parece importar es decirla más gorda que el adversario. Intentemos recuperar sentido común viendo cuatro cosas:¿hay que hacer algo?, qué se hace, cómo se hace y quien lo hace.
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