Artículos semanales

Otra política, es posible. (Publicado en Mercados de El Mundo)

Lunes, 17 de Mayo de 2010

Para los estoicos,  más importante que los acontecimientos, que no controlas, es cómo reaccionas ante ellos, ya que eso sí puedes controlarlo. Hoy, después de Freud, podríamos añadir que además de lo que haces, también es muy importante saber el por qué lo haces y el cómo lo haces. El discurso narrativo que empleas para explicar y justificar tus acciones siempre tiene trascendencia pero, sobre todo, en la actividad pública.More...
         Todo esto tiene que ver con la España Nueva en que vivimos desde que el pasado miércoles se diera por inaugurada la temporada de recortes duros. De esos recortes que vuelven a situarnos como ejemplo mundial a imitar pero que hacen subir a las bolsas a la vez que sacan a los trabajadores a la calle, demostrando que no podemos dar por definitivamente enterrada la lucha de clases. Aunque la reflexión sobre la responsabilidad de esta crisis empezó analizando cuánta culpa tuvo el mercado desregulado y cuanta el Estado (recuerden que acabo de escribir un libro sobre esto),  el resultado está siendo, no una refundación del capitalismo, sino el clásico “leña” a lo público, mercados intocados e internacional socialista desaparecida. More...
La tensión entre soberanía nacional y mercados financieros no es nueva. Incluso podemos hablar de que, de tanto en tanto, entran en conflicto de intereses porque unos buscan asegurar sus rentabilidades a corto plazo, mientras otros se fijan más en la solvencia del país a medio. Pero lo ocurrido estas semanas nos obliga a preguntar: ¿Quién manda aquí?More...
 Es cierto que llevamos años hablando de los problemas planteados por un modelo económico globalizado que se ha desarrollado sin la gobernanza, ni el control adecuado. En parte, los orígenes de la actual crisis están ahí. Pero, aunque Europa haya dado estos días importantes pasos adelante hacia una Unión Económica complementaria de la Monetaria ya conseguida, estamos lejos de tener la seguridad de que las decisiones sobre nuestro presente y nuestro futuro las tomamos los ciudadanos mediante procedimientos democráticos en lugar de algo ignoto, llamado “mercados”, donde los derechos sociales tienen precio y no solo valor. More...
 Sin embargo, algo falla en los mecanismos de control de las democracias cuando, a veces,  son esos mercados quienes sacan a la luz trampas y equivocaciones cometidas por los estados, como en Grecia.  El viejo concepto de soberanía nacional se deteriora, pues, no solo porque de forma voluntaria vayamos compartiéndola en instituciones supranacionales, sino porque lo erosiona con virulencia eso que llamamos mercados, cuando encuentran condiciones y oportunidades para ello. Como ahora, en España.More...
         En esta hora difícil, no vale el “ya lo decía yo” o el “ves como tenía razón”. Es verdad que los drásticos recortes actuales son resultado, en gran parte, de no haber hecho antes esas reformas necesarias que hubieran reforzado nuestra credibilidad y solvencia internacional ante quien sea. Pero ahora, ¿qué más da eso? Estamos donde estamos y la mayoría de los ciudadanos y, desde luego, los mercados y los organismos internacionales comparten la necesidad de las medidas adoptadas o de otras muy similares para demostrar que no solo no somos Grecia, sino que estamos dispuestos a no serlo.More...
         Por tanto, hacemos recortes porque no hemos hecho las reformas a tiempo.  Vale. Pero si los recortes son necesarios y significan que iniciamos otra etapa en la manera en que hemos gestionado la crisis, me permito sugerir algunas propuestas que podrían ayudar a mejorar las cosas.More...
 Primera, que abandonemos la estrategia seguida hasta la fecha de acumular un conjunto disperso e irregular de medidas y negociaciones, para pasar a la del plan integral y los programas articulados. La sensación de improvisación que tanto está debilitando al Gobierno, se agudiza si las decisiones se trocean y se dispersan en el tiempo en función de las conveniencias políticas. Hablamos de esfuerzos colectivos. Por tanto, pongamos todas las cartas sobre la mesa para que todos podamos ver la aportación de todos al recorte nacional. No vale, hoy los pensionistas y funcionarios, mañana las sicav, pasado el impuesto de patrimonio y luego, los módulos, como ya no vale trocear las reformas laboral, de pensiones o gasto sanitario en lugares y momentos distintos, porque ello hace perder perspectiva y parcela la equidad del dibujo final de sacrificios. Abandonemos la sucesión de medidas dispersas adoptadas al borde del abismo y vayamos a planes anticipatorios, articulados y compensados.More...
Segunda, que la estrategia de recortes emprendida tiene, como reconoció el Presidente, un impacto negativo sobre el crecimiento económico y la creación de empleo. La consolidación presupuestaria que tenemos que hacer en el estado, pero también en las familias y en las empresas altamente endeudadas, reducirá el vigor de la recuperación. Por eso, es más necesario que nunca la puesta en marcha  de reformas que impulsen nuestra capacidad de crear riqueza y empleo. Reducir costes administrativos y de transacciones, reforma laboral, rebaja de los costes no salariales, evaluación de la eficiencia del gasto público, reestructuración financiera etc son, ahora, tablas de salvación imprescindibles para compensar el menor crecimiento derivado de las medidas de ajuste en el gasto público y privado.More...
Tercera recomendación, que todo esto se haga en un contexto de gran acuerdo político e institucional. Porque afecta a muchas administraciones, porque necesita un período de implantación superior a lo que queda de legislatura y, sobre todo, porque si hablamos de esfuerzo nacional, como también hizo el Presidente, debe haber una convocatoria nacional de voluntades. Insisto en que nuestro principal problema no es el endeudamiento público sino el privado. Y, ¿cómo le hincamos el diente a ese, sin deprimir más la actividad, por mucho que recortemos el gasto público?More...
Nada de esto resultará novedoso a los lectores de esta columna. Pero cada día que pasa, es más urgente e imprescindible. Ya que necesitamos a los mercados financieros internacionales para pedirles dinero e inversiones, intentemos mejorar la forma en que reaccionamos a lo que pasa con esos mercados, de acuerdo con los consejos del emperador estoico, Marco Aurelio. Y podemos hacerlo mejor, porque yes, we can!.

El relojero ciego. (Publicado en Mercados de El Mundo)

Lunes, 10 de Mayo de 2010

La magnitud de la tarea que tenemos por delante exige dos cosas: rapidez en su ejecución y amplio consenso político y social. Digámoslo claro: nuestra democracia está consolidada y es bueno que haya gobierno y alternativa al mismo. Pero vivimos una situación excepcional que aconseja soluciones excepcionales, de esas que sólo se aplican cada treinta años. Por la gravedad de la recesión, porque se requiere un acuerdo formal con las CC.AA para impulsar buena parte de las reformas necesarias, porque todas ellas necesitan para implantarse más tiempo del que queda de legislatura, porque va a ser imposible que se apliquen sin ningún tipo de respuesta social por parte de minorías perjudicadas y, todo ello, hace eficaz un gran pacto político. Esto, hoy, es urgente e importante, las dos cosas a la vez. Cualquier otra opción, incluyendo unas elecciones anticipadas, no es solución porque aunque hubiera un ganador por mayoría absoluta, seguiría necesitando el concurso de quien quedara en la oposición pero controlando muchas parcelas de poder institucional. Hoy, necesitamos tanto un gobierno como una oposición, útiles para el país.More...
Por otro lado, creo que los datos auguran una recuperación de la economía española más rápida de lo previsto. Si una parte de la recesión fue debida al efecto “susto” que en plena crisis detiene decisiones privadas de inversión o consumo, de manera simétrica veremos un repunte de ambos como consecuencia de lo que podríamos llamar efecto “alivio”, cuando se asuma que lo que tenemos por delante es la reactivación y no más recesión. Hay muchas ganas de salir de la crisis. Y esa predisposición se puede retroalimentar a poco que se empiecen a confirmar datos objetivos positivos. Pero confiar en una salida espontánea, es aceptar una solución más lenta, injusta y perjudicial para los más desfavorecidos. Los brotes verdes hay que cuidarlos, protegerlos y regarlos, porque el resto del campo seguirá, durante mucho tiempo, lleno de malas hierbas. Por ello, no hay que tener prisa en retirar los estímulos públicos a la actividad, hay que preferir reformar el gasto público antes que recortarlo y, sobre todo, hace falta una actuación urgente y radical que permita restablecer el crédito bancario a las familias y empresas. En este momento, creo que ya no basta con la reestructuración de las cajas de ahorro y, tal vez, haya que recuperar la idea de un “banco malo” de titularidad pública que agrupe los activos inmobiliarios tóxicos que siguen lastrando las posibilidades crediticias de nuestro sistema financiero.More...
En tercer lugar, hacer reformas estructurales, es de izquierdas. Aunque también salgamos de la crisis sin ellas, el coste social será mayor y repartido de manera más injusta. Lo más regresivo, además de más caro, es no tocar nada o hacerlo de manera cosmética. Hacen falta reformas estructurales profundas en: mercado laboral, sector público (ingresos y gastos), sistema administrativo autonómico y local, cambio de modelo productivo, educación, justicia, sanidad, pensiones etc. Sin ellas será imposible que nuestro crecimiento económico se recupere pronto al nivel necesario para crear el empleo que necesitamos. Reducir el paro mejora el bienestar de toda la sociedad, no solo de los parados. Y tampoco será fácil, sin ellas, convencer de que seguiremos siendo solventes a medio plazo, a quienes les tenemos que pedir prestado para financiar nuestros déficits, públicos y privados. More...
         En cuarto lugar, no creo que la mejor manera de organizar la toma de decisiones en una sociedad democrática sea aceptar los dictados nerviosos de unos mercados financieros internacionales cuyos objetivos no son los nuestros. Esto, me parece especialmente claro después de que esos mismos mercados, desregulados, especulativos, cortoplacistas, opacos, irracionales, nos hayan proporcionado la mayor crisis económica de la historia reciente. Mi convicción en la necesidad del mercado como elemento esencial en la articulación de las decisiones económicas básicas está, precisamente, en la base de esta critica. Porque quienes toman decisiones en base a rumores tan interesados como descabellados, despreciando la información existente, provocando estampidas de rebaño, no forman mercado. Serán otra cosa y tendrán mucho poder, pero por respeto a Adam Smith, no les llamemos así. Después de las especulaciones contra el Sistema Monetario Europeo en los años 90 del siglo pasado y tras todo el asunto de los derivados, la burbuja especulativa y las subprime, convendría que todos cerráramos filas detrás del Presidente Obama y aprobáramos una profunda reforma del sistema financiero internacional para evitar que un segmento del mismo actúe como jugador de ventaja a costa de nuestros bolsillos. Tras los actuales ataques al euro, El ECOFIN no puede demorar más esas decisiones.More...
         Por último, los movimientos especulativos se producen cuando mostramos debilidades o existen zonas grises en las que es posible hacer negocio, gracias a la indefinición de las reglas. Y el euro, la gran obra europea que debemos preservar, ha sido una experiencia incompleta que ha dejado muchos puntos oscuros, como estamos viendo con el caso de Grecia. Cuando se firmó el Tratado de Maastricht, ya se sabía que no era posible construir un espacio monetario unido solo por la moneda. Que hacía falta respaldarla con políticas económicas y presupuestarias más armonizadas o, incluso, comunitarizadas. El Pacto de Estabilidad fue un pálido reflejo de lo necesario para hacer consistente en el tiempo, una moneda única. Ahora, estamos comprobando que la construcción europea no se puede detener y que tras el euro, hacía falta más pasos en la línea de la Unión Económica, incluyendo, un Fondo Monetario Europeo y políticas sociales, de empleo y de bienestar más coordinadas. En ese sentido, necesitamos más Europa. Ayudar a Grecia es ayudarnos a todos nosotros. Pero solo nos ayudaremos de verdad si aprendemos la lección y ponemos los medios en la Unión, para evitar que vuelva a reproducirse algo similar.More...
          Ha llegado la hora de hablar de esfuerzos, de sacrificios, de reformas, de equidad, de competitividad, de cohesión, de proyecto colectivo. Y eso, a diferencia de la evolución de las especies, no podemos dejarlo en manos de un relojero ciego, ni siquiera de dos, porque seguirán recto, con el volante fijo, aún cuando entremos en curvas.
 

El coste de las no-reformas. (Publicado en Mercados de El Mundo)

Lunes, 3 de Mayo de 2010

Entre el crecimiento lánguido por debajo del 2% durante los próximos cinco años previsto por el Fondo Monetario Internacional para España y el más vigoroso, casi el doble, adelantado por el Gobierno a Bruselas, se sitúa el coste de no realizar las reformas estructurales necesarias. A lo que debería sumar el precio a pagar por la rebaja en la calificación de España en los mercados internacionales.More...
No obstante, me parece que el último Informe de Primavera del FMI tiene otros asuntos de gran calado que quiero comentar también. En primer lugar, cuando dice que “las ineficiencias de los mercados financieros y las fallas de regulación y supervisión desempeñaron un papel importante durante la crisis”. Estamos donde estamos porque la desregulación provocó un fallo tremendo en el funcionamiento de esos mismos mercados monetarios internacionales que están ahora mismo en pie de guerra contra Grecia y amenazan, posiblemente gracias al dinero público que recibieron para no quebrar, con seguir ganando dinero especulando contra más países del euro. Esa reforma profunda del sistema financiero que el ECOFIN no quiere hacer es, ya, un imperativo moral. Cuando hace veinte años, Soros se hizo rico especulando contra la libra, no lo hacía con dinero público recibido como parte de una operación de salvamento para evitar más quiebras como la de Lehman, ni fue acusado de fraude como Goldman. More...
         En segundo lugar, estoy también de acuerdo con el FMI cuando recuerda que “la extraordinaria intervención efectuada por los gobiernos desde la crisis eliminó el riesgo de una segunda Gran Depresión y sentó las bases de la recuperación”. La intervención del Estado, en forma de impulso presupuestario y monetario, no estuvo en el origen del problema sino, más bien, en la esencia de su solución. Y claro, trajo como resultado un incremento de los déficits y la deuda pública que el propio FMI reconoce más vinculado a los efectos de los estabilizadores automáticos que a decisiones discrecionales. La deuda privada duplica hoy en España a la pública y ésta no ha sido consecuencia de un Gobierno manirroto, sino de los efectos de una crisis financiera mundial, amplificada a través del ladrillo.More...
         En tercer lugar, coincido con el FMI en que uno de los principales riesgos de la situación actual es que el paro coyuntural se convierta en estructural. Dicho de otra manera, que España hay alcanzado la tasa del 20% de paro en tan solo dos años, pero que necesitemos otros diez en que vuelva al 8% previo. Por ello, apoyo su referencia genérica a que los impulsos públicos a la actividad económica no se retiren durante este año y, en todo caso, hasta que las perspectivas de crecimiento estén suficientemente consolidadas. Sobre todo, añado yo, en países como España en que el elevado endeudamiento de familias y empresas va a dificultar esa necesaria transición desde el motor público de la recuperación, al privado. No es bajando impuestos y recortando gasto público, como parece defender la oposición conservadora, por donde vendrá ahora la recuperación. More...
         Una estrategia de salida de la crisis debe contener dos cosas más: una profunda reforma de nuestro sistema financiero, atascado por cemento, así como un conjunto de reformas estructurales creíbles y eficaces que permitan elevar la tasa de crecimiento y alejen los fantasmas griegos sobre nuestro país. More...
         Poco se puede añadir, a estas alturas, sobre la reestructuración financiera española salvo reiterar que resulta ya inexplicable que el presidente de Caja Madrid y vicepresidente de la CECA, Rodrigo Rato, diga que sobran la mitad de las cajas de ahorro y no pase nada. Si no tiene razón, alguien desde el Gobierno y el Banco de España debería haber salido para desmentirlo y tranquilizar a los ciudadanos y a los inversores. Y si tiene razón, alguien desde el Gobierno y el Banco de España debería haber salido para explicar cómo y cuando van a hacerlo. Hemos vivido una crisis de sobreendeudamiento y un poco de austeridad crediticia es necesaria. Pero no alcanzaremos una velocidad de crucero en la recuperación sin haber reactivado el mercado del crédito privado mucho más allá de lo que puede hacer el ICO que tenemos.More...
         Por último, las reformas. En el mercado laboral, en los impuestos, en el gasto público, en las pensiones, en la sanidad, en la administración, en el modelo de crecimiento, en la justicia, en el sector energético… casi no queda a salvo de reforma necesaria ningún sector de la actividad económica del país si queremos que la reactivación escasa que pronostican tanto el FMI como el consenso de economistas en nuestro país, se convierta en ese crecimiento vigoroso, creador de empleo y reductor del déficit público que prevé el Gobierno en su Programa de Estabilidad.More...
         En contra de lo dicho esta semana por el Secretario de Estado de Hacienda, hay mucho y muy distinto que hacer para fortalecer nuestra credibilidad ante los mercados exteriores. Incluso aceptando que gracias a las 150 medidas ya aprobadas el resultado del paro no ha sido peor, resulta imprescindible hacer esas 10 reformas estructurales pendientes.More...
 El coste de no hacerlas, cuando todo el mundo, ya hasta el Gobierno, las considera imprescindibles, sería elevado para España: punto y medio de tasa anual de crecimiento del PIB, miles de puestos de trabajo no creados, puntos de déficit público no reducido, encarecimiento de la financiación de la deuda pública, riqueza no creada ni repartida. Pero el precio a pagar por el inmovilismo, sería también inabordable en términos de prima de riesgo exigida por esa mitad de nuestra deuda, pública y privada, que queremos colocar en los mercados exteriores.More...
Sigo creyendo que lo peor ha pasado, que podemos tener un primer trimestre mejor de lo previsto e incluso acabar este año con crecimiento ligeramente positivo. Pero nada de eso invalida estas reflexiones cuya necesidad va más allá de esperar a que pase el temporal. Porque nunca volveremos al punto de partida sino a otro mucho peor y socialmente más injusto, si no hacemos algo, ya, para evitarlo. Portugal, puede estar marcando el camino.

La Hora de la Socialdemocracia. (Publicado en Mercados de El Mundo)

Lunes, 26 de Abril de 2010

Mientras estamos preocupados por Grecia y su posible efecto contagio, Madoff está en la cárcel, Goldman Sach acusado de fraude, Lehman quebrado, Citigroup nacionalizado y otros, devolviendo las ingentes ayudas públicas que les permitieron mantenerse de pie tras el hundimiento. More...
Si hay millones de parados, pérdidas cuantiosas de riqueza, fuerte incremento de la deuda pública y unas perspectivas inmediatas de reactivación que el FMI sitúa entre escasas e irrelevantes, no es por que haya fallado lo público, la regulación de los mercados y el Estado del Bienestar, sino más bien porque se había impuesto una alternativa que combinaba una economía de casino, un capitalismo desvergonzado, junto a fraudes y abusos sistemáticos, recubiertos de principios liberales (“fuera las manos estatales, que la mano invisible del mercado lo arreglará todo”).
No son los principios de gestión del capitalismo actual encerrados en el llamado consenso socialdemócrata los que han provocado esta crisis.  Como tampoco ha venido de la mano del intento de autorregular una alternativa entorno a propuestas como la Responsabilidad Social Corporativa, los Códigos de conducta empresarial, normas de buen gobierno en las empresas, etc. que Aldo Olcese ha resumido bajo la expresión de “capitalismo humanista”.  
El hecho de que ambas opciones la socialdemocracia y el liberalismo humanista, hayamos perdido una batalla frente a la “codicia, engaño y fraude” de gente sin escrúpulos que han montado un sistema de incentivos perversos, manejando con desparpajo principios supuestamente liberales que vulneraban cuando les convenía, no significa que no tuviéramos razón. Es más, la experiencia de la crisis debería avalar la vigencia de un discurso que recupera la sensatez del equilibrio entre estado y mercado junto a la exigencia de principios de gestión privada que resalten que una empresa es algo más que un conjunto de accionistas unidos por la maximización de beneficios a corto plazo: sin Estado no hay mercado, sin competencia no hay eficiencia.
 De eso iba, según entendimos todos, la necesaria refundación del capitalismo que propuso Sarkozy. Pues bien, año y medio después de la quiebra de Lehman Brothers y más de dos desde el estallido de las subprime, la agenda reformista está atascada. Al menos, en Europa, como hemos visto esta semana en la reunión del ECOFIN en Madrid. Ni supresión de los paraísos fiscales, ni cambios sustanciales en la regulación que impidan las prácticas arriesgadas que nos han traído aquí (están volviendo a ganar dinero con ellas), ni tasas preventivas a las entidades financiera, ni recuperación ética de los valores de una empresa socialmente responsable. Más bien, lo contrario. Vivimos la reconstrucción de las peores prácticas pasadas, entre ataque al Estado, el déficit y a la deuda pública, a los políticos, a los valores de la ética en la gestión económica de las empresas, relajación en las normas, por ejemplo, de control de emisiones de CO2.
En España,  la crisis estalla en un momento en que la deuda del sector privado, según el servicio de estudios del despacho Solchaga&Recio, alcanzó el 170% del PIB. Mientras, el sector público tenía superávit y una deuda pública por debajo del 60%. Todavía hoy, y a pesar del fuerte incremento en la tasa de ahorro de unos y de déficit de otro, las familias españolas (sin empresas) deben más dinero que el Estado. Cuando, además, el incremento del endeudamiento público se ha debido en su casi totalidad a los efectos de la crisis económica (reducción de ingresos, incremento de gastos) plantear el debate como si nuestro problema principal como país fuera el Estado por su mala gestión, me parece algo más que errar el tiro.
Necesitaremos también valores y principios para salir de la crisis. Para orientar el crecimiento. Para demostrar que algo hemos aprendido de los fallos del modelo anterior. Para consolidar mayorías sociales entorno a una narración que explique los sacrificios necesarios, a partir de un reparto equitativo de los mismos, donde pague más quien más ha contribuido a generar esta crisis que no ha sido motivada por demasiado estado sino por demasiada desregulación no controlada.
Y esos valores éticos los tenemos que encontrar en una socialdemocracia templada dispuesta a transar con los defensores de un capitalismo humanista. Una socialdemocracia dispuesta a seguir defendiendo sus principios pero a modificar sus instrumentos para adecuarlos con la nueva realidad. Convencida de que la única alternativa justa a los recortes salvajes del gasto público y de los derechos sociales, es el reformismo activo e inteligente. Sabedora de que el estado de bienestar del siglo XXI no podrá ser una prolongación matizada del que se construyó a mediados del siglo pasado. Demasiadas cosas han cambiado. Incluyendo algunas tan positivas como el envejecimiento de la población o la inmigración masiva y otras irreversibles como la globalización, el cambio en la cadena de valor añadido que afecta a la manera de producir, o los efectos del cambio climático que alteran la manera de vivir y entender nuestra relación con la naturaleza. El inmovilismo no es una opción entre el recorte o las reformas.
Todo ello, sin olvidar el núcleo duro que justificó el surgimiento del discurso socialdemócrata: intervenir con instrumentos públicos para incrementar las opciones de libertad real para todos, garantizando una igualdad de oportunidades que no desincentive el esfuerzo individual pero tampoco deje a nadie que lo necesite sin ayuda y, todo ello, financiado por todos de acuerdo a criterios de equidad como el que señala nuestra constitución: contribuye más el que más tiene.
Ante el fracaso del liberalismo salvaje, ese es el discurso de principios que nos permitirá salir mejor y más pronto de la recesión. Pero la sociedad actual ya no vive de declaraciones enfáticas en mítines que se olvidan luego en las reuniones de ministros europeos. Hay que “pasar al acto”, mediante hechos reformistas que transformen la realidad real: en el mercado laboral, en el sistema de pensiones, en la atención sanitaria, los paraísos fiscales,  los impuestos o las reducciones de emisiones. ¿Esta la socialdemocracia europea prepara para ello? Tengo dudas, mezcladas con esperanza. En todo caso, siempre nos quedará Obama.

La Cuadratura del Triángulo Laboral. (Publicado en Mercados de El Mundo)

Lunes, 19 de Abril de 2010

Desde que el Gobierno hizo públicos sus guiones ya podemos hablar de la reforma del mercado laboral sin vernos arrojados a los infiernos. Es verdad que, con o sin beneplácito, no existe otro problema de nuestra realidad económica actual que haya suscitado tanto debate: la elaboración de dos manifiestos contrapuestos capaces de agrupar, entre ambos, a más de 700 profesionales, varios pronunciamientos del Banco de España y su gobernador, y otros del Fondo Monetario.
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Agitado, pero no revuelto. (Publicado en Mercados de El Mundo)

Lunes, 12 de Abril de 2010

Todos los seguidores de las películas de James Bond sabemos que siempre toma el martini “agitado, pero no revuelto”. Las medidas de política económica pueden también agitarse, pero no deben revolverse, para que cada una mantenga su sentido aunque estén inscritas en una estrategia global para hacer frente a nuestro problema principal: cómo recuperar competitividad internacional. Las últimas cifras conocidas de la economía española no llaman, precisamente, al optimismo. Con el paro todavía aumentando, incertidumbres sobre el futuro, un sector financiero herido por el fuerte ladrillazo recibido y una acuciante necesidad de que familias, empresas y Estado devuelvan los excesos de crédito con los que hemos financiado el crecimiento anterior, los motores de nuestro crecimiento están gripados o sólo se pueden situar a muy largo plazo. Por tanto, la necesidad de hacer algo, tan sensato como urgente, es obvia.More...
         Sin embargo, no podemos confundir una sucesión de medidas revueltas con una estrategia de salida para la recesión que exige conseguir dos grandes objetivos: introducir confianza en la actuación de los agentes económicos privados y adaptar al conjunto del sistema económico a la nueva realidad de ser más pobres tras la crisis y con mayores problemas de competitividad. Lo primero requiere un Plan conocido, pactado y sostenido, mientras que lo segundo exige medidas sociales que hagan más justo el reparto de los costes de la crisis así como explorar cambios productivos que consigan rebajar costes no salariales en un contexto que no permite hacer una devaluación de la moneda, pero tampoco rebajar las exigencias medioambientales o laborales ya conseguidas.More...
         Con la publicación, esta semana, de unos datos sobre el comportamiento de las familias españolas, descubrimos que ahorrar mucho puede ser tan perjudicial para la marcha de la economía como consumir en exceso. Según el INE, durante el año pasado los hogares dispararon su tasa de ahorro un 6%, hasta situarla en máximos históricos cercanos al 19% de la renta disponible, reduciendo, con ello, su gasto en consumo un 5,5%. En el fondo, esa fue la visión de Keynes, en torno a la cuál se permitió darle un vuelco al conjunto del saber económico de la época: si todo el mundo ahorrara toda su renta - exagerando lo que predica el saber conservador tradicional-, nadie consumiría, nadie vendería, nadie fabricaría, nadie trabajaría, nadie ingresaría renta porque dejaría de haberla. More...
Además, teorizó que en momentos de crisis, con el paro creciendo y con profundas incertidumbres sobre el futuro, los particulares ahorran por temor, por precaución, agudizando, con ello, el ciclo bajista de la depresión. Por eso hace falta que intervenga el Estado, cuya lógica de inversión y consumo es distinta y puede ayudar a mantener la demanda agregada y el empleo. Todo el edificio keynesiano se sustenta en haber percibido que en épocas de crisis, se rompen las dos identidades básicas sobre la que se construye la economía académica tradicional: la renta de un país o se consume o se ahorra y el ahorro es igual a la inversión. Esta segunda salta por los aires en momentos de incertidumbre (se ahorra, pero no se invierte) y, además, cuando, gracias a la globalización y a las nuevas técnicas bancarias, los mercados mundiales de capitales separan, todavía más, el momento y el lugar del ahorro, del momento y el lugar de la inversión. Si los particulares, durante las crisis, ahorran pero no invierten, el ciclo de la renta se rompe, salvo que introduzcamos inversión y consumo público.More...
Cuando esto ocurre, como ahora en España, las estrategias de política económica orientadas a salir del bache tienen que verse afectadas. Mientras duren esas circunstancias, una estrategia conservadora centrada en rebajar impuestos y recortar el gasto público sería un error contraproducente. Si las familias tienen más renta disponible consecuencia de las rebajas impositivas, pero la misma desconfianza ante el futuro, ahorrarán todavía más y ese dinero adicional no ayudará a reactivar la economía. Además, si el gasto público que es el único elemento dinámico que mantiene el crecimiento de la demanda agregada se reduce, caerá adicionalmente la actividad económica. En esas condiciones, según defiende el Fondo Monetario Internacional, la prioridad reactivadora debe depositarse en el gasto público, tanto a través de los llamados estabilizadores automáticos como mediante decisiones inversoras discrecionales sean el Fondo Municipal o el nuevo Plan de Infraestructuras, cuyo esquema de financiación público-privado recuerda al llamado modelo alemán que utilizó el PP por sus efectos contables sobre el déficit público y refuerza la idea de que no hay incompatibilidad entre gasto público e inversión privada, como dice el pensamiento conservador al hablar de “efecto expulsión”, sino que suele haber complementariedad: el gasto público puede ser beneficioso, también, para las empresas privadas.More...
 Si este activismo presupuestario excepcional, que incrementa el déficit y la deuda, tiende a perpetuarse o se exagera su dimensión como ha ocurrido en Grecia, estamos ante otro tipo de problema que poco tiene que ver con la coyuntura de crisis y más con la propia estructura de los impuestos y del gasto público en cada país.More...
Una estrategia de salida para la recesión requiere, por tanto, no recortar  gasto público, mantener los apoyos presupuestarios puestos en marcha hasta que la recesión empiece a desaparecer y, sobre todo, un programa ambicioso de reformas y transformaciones en torno al que agrupar a una amplia mayoría social y política del país que ayude, además, a transmitir confianza a los ciudadanos y a los mercados. Pero, sobre todo, una estrategia de salida para la recesión, como  una buena paella, no puede hacerse teniendo la sartén en un sitio, el fuego en otro, el arroz en otro, la carne en otro y las verduras todavía en otro y, además, en días distintos. O se pone todo junto y a la vez, o lo que salga no será comestible, aunque contenga todos los ingredientes de la receta valenciana. Urge, pues, definir un programa de crecimiento y competitividad, con cada cosa en su sitio. Como el martini de Bond, James Bond: agitado, pero no revuelto.

El Diablo Capitalista. (Publicado en Mercados de El Mundo)

Domingo, 4 de Abril de 2010

Dicen que el mayor triunfo del diablo es convencernos de que no existe. De igual manera, uno de los mayores éxitos del capitalismo es habernos (casi) convencido de que su lógica económica responde perfectamente a la naturaleza humana siendo, por ello, el “modo natural” de organización de la sociedad. Tras la quiebra moral y material del comunismo, se ha quedado sin alternativas globales lo que ha arrastrado al basurero de la historia no sólo cualquier intento de organizar la economía sobre bases diferentes, sino, incluso, aquellas propuestas de reforma profunda del mismo que, sin alterar su “esencia”, permitieran una “presencia” más acorde con principios éticos de justicia social. 
Hoy, después de que cierto capitalismo de casino nos haya llevado a la mayor crisis económica de los últimos setenta años, incluso las propuestas de refundación efectuadas por un líder conservador como Sarkozy, se disuelven en el aire al poco de ser pronunciadas. Y sin embargo, el sistema capitalista tiene fallos profundos en su funcionamiento actual que deberían ser corregidos para mejorar la eficiencia y el bienestar colectivo. Además, la ideología en la que se basa no es más real que un cuento de hadas del que, no obstante, se pueden extraer moralejas interesantes.
Quizá por ello, cuando queremos entender la esencia de lo que nos pasa, reflexionar sobre el sistema en su conjunto, su dinámica y sus contradicciones lógicas evidenciadas mediante una profunda crisis que no es un “cisne negro” sino un problema sistémico, tenemos que seguir recurriendo a tres autores con más de cien años de antigüedad: A. Smith (siglo XVIII); C. Marx (XIX) y J.M. Keynes (principios del XX), a pesar de lo mucho que en apariencia han cambiado las cosas de la economía mundial.
Mi lectura sobre Smith destacaría su interés en investigar las causas del crecimiento económico y en combatir aquello que represente un freno al mismo. Su análisis sobre los factores que impulsan el desarrollo, como son la especialización, la ampliación del mercado y la competencia, chocaban con los postulados fisiócratas que aprendió en la Francia prerrevolucionaria que visitó como tutor del hijo del duque de Buccleuch, así como con el mercantilismo estatal impulsado por la aristocracia inglesa del momento. En realidad, su desconfianza hacia el Estado –que es una de las cosas que nos ha quedado de su valiosa aportación – debe entenderse, en realidad, como un ataque a ese Estado mercantilista del último feudalismo que, en su época, se elevaba como un freno real a la libertad de mercados que necesitaba el crecimiento económico del primer industrialismo burgués. Mayor actualidad debería tener su advertencia sobre las tendencias naturales del empresario a confabularse contra el interés público, en ausencia de restricciones que solo pueden provenir de un Estado liberal.
Por su parte, en el análisis sobre la dinámica del capitalismo efectuado por Marx, habría que destacar su teoría de las crisis como parte intrínseca del propio funcionamiento de un sistema que convierte a la propiedad privada de los medios de producción en la quintaesencia de su ser. Mientras que en el feudalismo es la posición social hereditaria quien determinaba el poder y la riqueza, en el nuevo sistema capitalista las relaciones se alteran y es la riqueza hereditaria la que determina la posición social y el poder. La estructura económica se convierte, así, en el corazón del entramado social, siendo el Estado una pieza más que garantiza  la propiedad privada como motor del crecimiento, aunque con ello se provoque, también, desigualdades sociales que explican los ciclos económicos y las crisis recurrentes.
Keynes se separaría de Smith en su crítica al Estado y de Marx, entre otras cosas, en su ataque a la propiedad privada. Es el perfecto reformista al entender la lógica real del sistema por encima, o por debajo, de los supuestos teóricos que lo definen en los libros y propugnar cambios radicales en lo accesorio para mantener la esencia del modelo. Así, para Keynes, los individuos no se comportan de acuerdo con los supuestos de racionalidad enunciados como hipótesis por la teoría. Sobre todo en una crisis profunda donde, por otra parte, tampoco se cumple que el todo no es más que la suma de las partes. Para él, existe un comportamiento agregado que es distinto, en aspectos importantes, del individual y, con ello, hay espacio para una lógica colectiva representada por el Estado que difiere de la privada y, gracias a ello, actúa de contrapeso cuando una recesión hunde las expectativas de beneficio de la propiedad privada, bloqueando cualquier decisión de consumo o inversión.
         Así, entre los tres, cada uno subido a hombros del gigante anterior, nos ayudan a entender, todavía hoy, los problemas de funcionamiento dinámico de nuestro modelo económico. Aportando un enfoque que integra las relaciones económicas como una parte más del devenir social, en una legítima economía política. Para entender y no solo para narrar lo que pasa. Luego, según se ponga los énfasis, se harán lecturas liberales o socialdemócratas de las cosas, como hemos hecho Lorenzo Bernaldo de Quirós y yo mismo, en el libro “¿Mercado o Estado?, dos visiones sobre la crisis”, que acabamos de publicar.
         ¿Qué dirían Smith, Marx o Keynes ante la recesión española? ¿Y ante las adicionales 54 medidas anunciadas esta semana por el Gobierno para salir de la misma? ¿Verían proporcionada la magnitud del problema, una crisis del modelo económico que empobrece al país reduciendo su competitividad, con la levedad de las propuestas? Seguramente, pedirían una estrategia orientada a recuperar el crecimiento, reformar las reglas relativas a la propiedad privada (regulación, impuestos) y esperarían del Estado una actuación contracíclica que trajera confianza a los agentes económicos en lugar de estériles debates sobre optimismos y patriotismos de cartón, con cuatro millones de parados.       
         No tengo opinión clara sobre el diablo. Pero creo firmemente que el capitalismo existe y que, a pesar de todos sus avances relativos respecto a otras formas de organización social, está lejos de ser perfecto por lo que la mejor actitud ante él es la reforma permanente.

Cerrado por reformas. (Publicado en Mercados de El Mundo)

Lunes, 22 de Marzo de 2010

Daría la impresión de que el proyecto de construcción europea se encuentra cerrado por reformas. A juzgar por los golpes y ruidos que se escuchan desde fuera, sus nuevos responsables deben de estar trabajando mucho, aunque no sepamos muy bien en qué. Desde el punto de vista económico dos asuntos parecen urgentes e importantes: evitar los errores regulatorios y de supervisión sobre los mercados financieros que se han producido en los últimos años y que han concluido con la actual crisis así como, en segundo lugar, equilibrar mejor la arquitectura institucional existente entre la unión monetaria y la unión económica.More...

         Cuando se produjo la actual crisis financiera internacional, fue el Presidente francés quien señaló la necesidad de “refundar el capitalismo”. Si hacemos memoria de algo ocurrido hace menos de dos años, esa propuesta parecía lo menos que se podía hacer frente a la creciente indignación de los ciudadanos del mundo conforme íbamos conociendo algunas de las prácticas habituales en estos mercados a partir de la desregulación con los consiguientes abusos por parte de algunos de sus directivos. “Eso” no era un mercado, porque no reunía ninguna de las características del mismo que enseñamos en clase a los alumnos. Pero, además, tampoco había muchas empresas responsables y la sensación de haber depositado mucho poder en manos inadecuadas corrió como la pólvora por el mundo. Algo había que hacer y frente a las tentaciones de acabar de un plumazo con ese capitalismo de casino y paraísos fiscales, refundarlo parecía lo menos que se podía hacer.
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137 Medidas, pero ¿Qué estrategia? (Publicado en Mercados de El Mundo)

Domingo, 14 de Marzo de 2010

          Cuando empecé a publicar esta columna, hace casi dos años, todavía estábamos discutiendo “el nombre de la cosa”. Quienes decíamos estar ante una crisis profunda del sistema económico, en lugar de ante una desaceleración temporal del mismo, nos podemos sentir tristemente reconfortados al escuchar al Presidente del Gobierno reconociendo esta semana, en una entrevista televisiva, que no haber sabido ver la magnitud de la crisis, es uno de sus principales errores. El haber tenido razón entonces no garantiza que la volvamos a tener siempre. Pero nos obliga a señalar que,  ahora, tampoco está sabiendo ver la magnitud de la tarea que, como país, tenemos por delante para salir, con bien, de esta profunda recesión.


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Los Pactos de Zurbano. (Publicado en Mercados de El Mundo)

Domingo, 7 de Marzo de 2010

La Comisión Negociadora del Palacio de Zurbano ha abandonado esta semana las altas cimas del Pacto de Estado para situarse en las más prosaicas del arbitrismo nacional. España es un país de arbitristas. De gentes que emulan a aquellos próceres que, en los siglos XVI y XVII, inundaban a la Monarquía absolutista con sesudos memorándum en los que diseñaban sus arbitrios o soluciones, casi mágicas, para todos los males de la patria.
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