Por un “compromiso histórico” Español. (Publicado en Mercados de El Mundo)

El rescate financiero de Portugal, la renuncia del Presidente Zapatero a presentarse a una nueva reelección y la revisión a la baja de las perspectivas económicas del Gobierno junto a la subida de tipos de interés, son datos recientes que alteran el momento del país. Algunas cosas deberían modificarse tras estas nuevas realidades y con mayor rapidez e imaginación de la habitual.

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La Sanidad hay que pagarla. (Publicado en Mercados de El Mundo)

Menuda la que ha liado esta semana el Presidente murciano por decir, en público, lo que casi todos reconocen en privado: necesitamos un gran pacto nacional para decidir “cómo pagamos lo que tenemos que pagar” ya que en la situación actual, “los servicios básicos no pueden ser soportados, sólo, por el Presupuesto de una región o de una Nación”. La mejor prueba de ello, es el déficit y la deuda pública existentes hoy.

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Más ladrillos con ordenador. (Publicado en Mercados de El Mundo)

No levantaremos cabeza económica en España, hasta que no volvamos a levantar pisos, con normalidad. Sin cometer los abusos y corruptelas del pasado que no sólo hicieron insostenible el anterior modelo inmobiliario, sino que se encuentran en el origen de la actual crisis financiera y económica. Pero sin cometer nuevos errores como pensar que podremos recuperar un nivel de creación de empleo adecuado, sin que la construcción inmobiliaria vuelva a aportar al PIB  más que ahora.

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El bache, o la cara B. (Publicado en Mercados de El Mundo)

No se qué le contarán al presidente los grandes empresarios de este país, convocados de nuevo el próximo sábado a Moncloa, pero la cosa está chunga. Y por si faltaba poco, la catástrofe de Japón que, además del importante impacto en vidas o de precipitados debates esencialistas sobre la energía nuclear, impactará sobre la economía mundial de manera negativa, a poco que las empresas japonesas tarden en regresar a una cierta normalidad productiva e inversora. Leer artículo completo »


Si no giras en curva. (Publicado en Mercados de El Mundo)

Desconfío de la gente que lleva la misma ropa haga frío o calor. Manifestarse insensible a las condiciones cambiantes del entorno es una cualidad deseable para los budistas, como para los estoicos, desde el punto de vista de forjar el carácter y conseguir la paz espiritual. Pero resulta desastroso para quien aspira a resolver problemas reales y no sólo a soportarlos. Captar el pulso volátil de la realidad, en cada momento, y ajustar las políticas a las necesidades móviles de la vida es, sobre todo en épocas turbulentas como ésta, la diferencia fundamental entre un estadista y un funcionario del FMI aplicando su receta universal.

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Límites de la actual Política Social. (Publicado en Mercados de El Mundo)

Evitar que haya personas que se mueran de hambre junto a nosotros por falta de recursos, es una preocupación de las sociedades desarrolladas. Cuando se pensaba que la condición de pobre derivaba de un castigo divino a las malas acciones de quien caía en ella, sólo la caridad individual de unos, o el robo por necesidad de los otros, ayudaban a mitigar la situación. Hubo que esperar hasta 1535 para que Luis Vives, en su “Socorro de los pobres”, propusiera a los regidores de las ciudades organizar un servicio de asistencia social. Apareció, así, la beneficencia, centrada en: construir hospitales, casas de residencia para pobres y servicios de formación para el trabajo porque la esencia de la postura de Vives radica en que todo el que quiera vivir, debe de trabajar.

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Salarios, productividad y euro. (Publicado en Mercados de El Mundo)

El euro fue el precio que Alemania estuvo dispuesta a pagar a cambio de conseguir su unidad nacional. Enfrentado a la posibilidad histórica de aprovechar la caída del muro para recuperar una Alemania unida, el canciller Kohl hizo un gesto europeísta que compensara los temores que la Gran Alemania suscitaba entre los principales países comunitarios. Puso, eso si, a todo el Tratado de Maastricht, la impronta anti-inflacionista que caracteriza a los alemanes desde la dramática experiencia de Weimar, pero aceptó compartir soberanía monetaria como un paso adicional en el proceso comunitario de integración económica mediante un doble movimiento: Alemania se fortalecía con la unificación y, a la vez, se diluía en el seno del euro, aunque no como uno más.
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Comunidades, ¿Autónomas o Descontroladas?. (Publicado en Mercados de El Mundo)

La reciente visita del President Mas a la Moncloa, se saldó con más ruido que nueces. Pero fue tanto el ruido y tan notable la furia cosechada por las declaraciones del nuevo inquilino de la Generalitat en las que daba a entender un trato de favor a Cataluña en el asunto del endeudamiento público, que dos días después la Vicepresidenta Económica del Gobierno se vio obligada a enviar una carta a todos los Presidentes Autonómicos que empezaba diciendo: “Ante las noticias aparecidas en diversos medios relativas a las autorizaciones de endeudamiento a largo plazo de las CC.AA, quiero trasladarte algunas consideraciones que, en esencia, se resumen en que el marco que rige estas autorizaciones no ha cambiado ni va a cambiar lo más mínimo”.
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El cisne pintado de negro. (Publicado en Mercados de El Mundo)

La primera Gran Recesión del siglo XXI, en la que todavía estamos instalados algunos países, tiene ya una importante bibliografía a la que se acaba de unir el informe elaborado por la “Financial Crisis Inquiry Commission”  constituida en Estados Unidos con el objetivo de “entender lo que ha pasado”, para evitar que vuelva a ocurrir.  Una Comisión parlamentaria bipartita que tras 18 meses de trabajo y más de 700 entrevistas, no ha podido elaborar unas conclusiones unitarias aunque, leídas las de la mayoría demócrata y el voto disidente de los republicanos “oficiales” (que han aislado al representante del Tea Party), resulte difícil encontrar diferencias irreconciliables más allá del especial cuidado puesto por los últimos en defender lo hecho ante la crisis por la administración de Bush.

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El cuadrante de mandos. (Publicado en Mercados de El Mundo)

El impacto generado por la breve visita a España de la canciller alemana Merkel en el contexto de una reunión bilateral de trabajo, nos ha cogido todavía con la foto del acuerdo sobre la reforma de las pensiones en la retina. Con apenas un día de diferencia, se ha visualizado con claridad el cuadrante interactivo en que se enmarca la acción del Gobierno desde el pasado mes de mayo. Un cuadro de mandos con cuatro entradas, tomadas de dos en dos, que permite entender el difícil equilibrio inestable en que se toman las decisiones fundamentales que van a determinar nuestro futuro colectivo en los próximos años.
            Dos de las entradas del cuadrante tienen que ver con las dimensiones externa e interna de nuestra política. Si en los últimos tiempos y, sobre todo, desde nuestro ingreso en la Unión Europea, se ha dicho que la separación entre lo de dentro y lo de fuera del país se iba difuminando conforme se profundizaba la integración europea o el proceso de globalización mundial que está detrás de la actual crisis financiera, los últimos tres años han representado un alzamiento de la frontera que vuelve a separar ambos vectores.
La renacionalización experimentada por el conjunto de la Unión que ha devuelto a los Estados Miembros el protagonismo que, poco a poco, habían ido cediendo a la Comisión, ha coincidido con otros dos hechos que refuerzan, en el caso de España, la recuperación de esa brecha entre ambas perspectivas: el ingreso en el G-20 y, sobre todo, nuestra gran exposición exterior como consecuencia del intenso proceso de internacionalización de las empresas españolas, unido a la gran dependencia de la financiación exterior que nos ha dejado el anterior modelo de crecimiento, en crisis. 
               Las otras dos entradas del cuadrante son más clásicas: la dimensión político partidista y la puramente económica que no han coincidido desde, al menos, que ha empezado la actual recesión. A partir de ahí, veamos como han jugado los cuatro puntos del cuadrante.
            Desde el binomio Economía- Externa, la prioridad es cumplir las exigencias de unos mercados financieros que, en buena medida, suplen con su presión, las carencias institucionales y políticas de la Europa del euro. En ausencia de un mercado de eurobonos, que acabaría con la especulación contra países individuales y sin mecanismos comunitarios que garanticen las exigencias del primer contribuyente, Alemania, para los países periféricos en dificultades, los mercados han impuesto, con su nada ciega actuación, medidas duras, difíciles y, en algunos casos injustas, orientadas a un único fin: recortar gastos, aún limitando derechos, como mecanismo  para asegurar la devolución de los prestamos que nos han hecho y nos hacen y de los que, por otra parte, viven.
            Esas medidas, sin embargo, entran en contradicción con lo que exigiría el binomio Economía-Interna, cuya máxima prioridad debería ser recuperar el crecimiento económico, la creación de empleo y el refuerzo de la cohesión social: Todo lo cuál exige, en situación de crisis profunda como esta con fuerte retracción del consumo y de la inversión privadas, de un activismo público presupuestario incompatible con las exigencias del cuadrante anterior. Además, la lógica de este cuadrante llevaría a primar la reactivación del crédito financiero a corto plazo a la economía real frente a las exigencias de mayor solvencia, impuestas por el binomio anterior.
            Si analizamos ahora el par Política – Externa, nos empuja a presentar una imagen de fuerte unidad nacional, detrás del proyecto “ortodoxo” tan querido por los mercados y por Alemania. Eso ensancha la fortaleza percibida desde fuera, la garantía de que se aprueben las medidas desde una mayoría parlamentaria y social suficiente, ayudando a rebajar el riesgo país que mide, también, los vaivenes políticos percibidos a futuro. Sin embargo, analizado el cuadrante definido por el binomio Política-Interna, prima la confrontación sistemática entre los dos grandes partidos por ganar la posición frente a los procesos electorales. Así, la ausencia del PP de la foto sobre el pacto de pensiones y, a la vez, la absurda visión de la visita alemana como “examen” a un país “intervenido” por culpa de un gobierno “insolvente”. Desde las exigencias del cuadrante tercero, esta pelea de patio de colegio en que deviene el cuadrante cuatro, debilita, ante los mercados, la seriedad de nuestros esfuerzos nacionales.
            Encerrados en nuestro país como único juguete y haciendo, sólo, lecturas internas de todos los asuntos, incluso los externos, corremos el riesgo de devaluar la importancia de adoptar, conscientemente, aquellas medidas adecuadas que nos permitan no perder pie ante los profundos cambios de escenario que se está produciendo ya: una salida de la recesión a dos velocidades, con una mayoría de países que ya han superado las dificultades y, en consonancia con ello, la reactivación de las tensiones inflacionistas en el mercado del petróleo y otras materias primas, con los consiguientes riesgos de provocar tensiones adicionales en el mercado de dinero, sin descartar subidas en los tipos de interés.
            Equivocarse de cuadrante, o establecer un orden de prioridades equivocado entre los mismos, nos puede abocar a una de estas dos situaciones, poco recomendables ambas: una recaída en la recesión vinculada al cumplimiento estricto de los planes de austeridad públicos y privados orientados a cumplir con los mercados a toda costa o, de forma alternativa, conformarse con una perspectiva de varios años con un crecimiento lánguido, constreñido por la ausencia de crédito y de demanda, incapaz de desentrañar la madeja de la elevada tasa de paro por mucho que se adopten paquetes de medidas ineficaces o/y insuficientes, para aparentar combatirla.
            Los manuales suelen enseñar que la política económica, para ser eficaz, debe disponer, al menos, del mismo número de instrumentos que de objetivos, porque no resulta fácil atender a dos objetivos con un solo instrumento. Pero no dicen nada de cuando nos enfrentamos a un cuadro de mandos cargado de instrumentos contradictorios, destinados a hacer frente a objetivos que no se explicitan porque bailamos entre ellos en función del cuadrante en el que nos situemos en cada momento. Problemas de la complejidad.







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