No es un advenimiento, ni la varita mágica que convierte calabazas en carrozas o ratas en briosos corceles. De hecho, solo con desgravaciones fiscales, en época de austeridad presupuestaria, y créditos-atascados-ICO, los instrumentos no estan a la altura de las ambiciones. Y, sin embargo, la música suena bien y merece apoyarse un intento de cambiar, por amplio consenso, la forma mayoritaria en que producimos, transportamos y consumimos en España para desplazarse hacia una basada en la calidad, el talento, el valor añadido y la eficiencia energética compatible con la lucha contra el cambio climático. Sin olvidar que una economía puede ser técnicamente sostenible con cuatro millones de parados, pero un país, no. Por tanto, el indice para medir la sostenibilidad debe incorporar, también, la capacidad de crear empleo.
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